¿Es el Cristianismo demasiado limitado para nuestra Cultura?
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¿Es el Cristianismo demasiado limitado para nuestra Cultura?

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¿Es el Cristianismo tan obsoleto y cerrado como para ser relevante?

No necesitamos historiadores que nos digan que la cultura occidental ha sufrido enormes cambios durante el último siglo. Piensa solo en las cosas nuevas de la tecnología—la manera en que hoy viajamos, cómo nos comunicamos o la información y las oportunidades disponibles al toque de un dedo, haciendo una búsqueda rápida por Google.

Considera los avances culturales que hemos alcanzado con los derechos civiles. Los afroamericanos no están ya segregados en nuestos sistemas escolares ni en la sociedad. Las mujeres pueden votar y cualquier persona, con empuje y determinación, puede perseguir el sueño americano.

Reflexiona sobre las opciones que tenemos hoy—dónde vivimos, lo que hacemos, con quién nos asociamos, lo que compramos y el estilo de vida que creamos para nosotros mismos. No es un secreto que, al menos en la cultura occidental, hemos alcanzado estar en un lugar que nuestros antepasados ni hubieran soñado.

Esto, claro está, plantea una situación: ¿Por qué hay personas en nuestra cultura moderna que sienten apego a las reliquias del pasado? Para las personas del Siglo XX, ¿cuán convenientes pueden ser las supersticiones antiguas y las restricciones de gente de mente cerrada encerradas en un libro escrito por campesinos del Medio Oriente hace dos mil años? ¿Representa el cristianismo—con sus creencias obsoletas y rigurosas—un paso hacia atrás, no hacia adelante? En palabras planas: ¿No es el cristianismo muy rígido para nuestra cultura de progreso?

El Camino Angosto

Es cierto que el cristianismo podría ser etiquetado como “angosto”. En palabras sencillas, el cristianismo es confiar y seguir a Jesús—un hombre que vivió y murió hace miles de años. Y él mismo dijo: “Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella.  Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran”.1

Suena un poco como un sermón sobre el infierno y la condenación, ¿no es así? Parece querer decir que muchos de nosotros estamos en el camino a la destrucción, pero el camino hacia Jesús es angosto, exclusivo y difícil de caminar.

En un nivel, esto puede ser cierto, pero muchos de los que se llaman cristianos podrían dar una perspectiva diferente. A veces, seguir a Jesús supone ir en contra la fibra de nuestra cultura, dirían ellos, pero no es exclusivo, obsoleto, restrictivo ni irrelevante en nuestra vida actual. De hecho, muchos creyentes dicen que seguir la vida y enseñanzas de Jesús es lo único que les brinda verdadero significado y se sienten realizados en nuestra cultura moderna.

Quizás las enseñanzas y ejemplos antiguos de Jesús han perdurado, no a pesar de una cultura cambiante, sino debido a una cultura cambiante. Algunos alegarían que en un mundo de tremendo cambio, incertidumbre, riqueza y lujo moderno, el cristianismo es lo único que más necesitan nuestras almas.

El Significado y la Vida Actual

Por ejemplo, hay ciertas áreas clave en nuestras vidas y cultura actual donde este “camino angosto” nos da un significado importante.

El cristianismo—seguir a Jesús—aporta significado al trabajo.

Lamentablemente, muchos de nosotros no encontramos gran significado en nuestro trabajo ni en nuestra carrera. Nos levantamos por la mañana, verificamos el correo electrónico y después trabajamos en tareas aisladas todo el día—frecuentemente sintiéndonos como una tuerca dentro de una máquina eterna.

Ya sea haciendo cálculos financieros, haciendo llamadas de ventas, asistiendo a los clientes, martillando clavos en su sitio o manteniendo a los chicos fuera de la oficina del principal, es fácil sentir que el trabajo es tedioso y bastante insignificante. ¿Qué diferencia hago realmente? Sácame y la compañía funcionaría muy bien sin mí, pensamos.2

Sin embargo, seguir a Jesús quiere decir que todo nuestro trabajo—no importa cuán pequeño y aparentemente insignificante—es parte de un universo más grande. Se realiza “para la gloria de Dios” y para adelantar el bien común de la humanidad.3 Es parte de la misión de Dios de traer redención, restauración y significado a cada pedacito y piececito de nuestras vidas, familias, vecindarios y cultura.4

El cristianismo da significado a la moralidad.

Es cierto, a menudo se piensa en la Biblia como un listado de reglas—cosas que puedes y no puedes hacer (con énfasis en las que no puedes hacer). No obstante, ¿qué pasaría si seguir las enseñanzas de Jesús y la Biblia fuera más que adoptar un modo de vida que es el que más vida nos da?

¿Y qué sería la sociedad si no hubiera fundamentos morales—sin una Estrella del Norte ni una brújula que nos trazara el camino en que vivimos y nos comportamos unos con otros? Abandonados a nuestra suerte, ¿tomaríamos buenas decisiones? ¿Sabríamos, acaso, lo que es el bien?

No hace tanto tiempo que en nuestra cultura “moderna”, Martin Luther King, Hijo, defendió su postura con una firme devoción cristiana y dijo: “La manera en la que nuestra sociedad trata a los negros es equivocada; no fue la intención de Dios”.5

El cristianismo aporta un significado único a las relaciones humanas.

A lo largo de la historia, las culturas han honrado el poder de la familia, la amistad y los vínculos que creamos con otros seres humanos. Pero vivimos en una cultura progresivamente fragmentada: muchas familias se han desbandado; tenemos más amigos por Facebook que amigos verdaderos; anhelamos una comunión en medio de la pobreza de las ciudades y el aislamiento de los suburbios.

Dentro de esta cultura, la comunidad cristiana transmite una voz inconfundible. Jesús y el apóstol Pablo enseñaron que podemos experimentar un nuevo tipo de comunidad y familia caracterizadas por el amor, el perdón, la aceptación e inclusión, frente a tanta fragmentación y exclusión.6

El cristianismo aporta un significado real a naturaleza de la vida misma.

En las palabras de Jesús, cuando ponemos nuestra fe en él y cuando lo seguimos, tenemos no solo vida, sino “vida…en abundancia”7 y “vida eterna”.8

Estas palabras no hablan solamente sobre la vida del más allá, como si ser cristiano fuera solo escapar el castigo y “llegar al cielo” cuando mueres. Esa creencia es, en sí misma, una idea equivocada, además de rígida y obsoleta.

Jesús quiso decir que si lo sigues tendrás una vida abundante que no tiene fin—una vida llena de propósito y significado que comienza en el presente, en este mundo, en nuestras vidas ahora.9 Dicho de otro modo, el cristianismo no es abandonar la tierra por el cielo, sino traer el cielo a la tierra en la actualidad.10

Una Invitación

Por supuesto, las palabras de Jesús sobre el modo de vida, el amor y la rectitud fueron emitidas hace mucho tiempo, durante una era y una cultura que era muy diferente a la nuestra. Además, los detalles de cómo la gente practicaba su fe hace siglos pueden parecer bastante diferentes a como la practican los cristianos de hoy. Pero las verdades más profundas y la historia más larga de la Biblia han permanecido importantes para las personas que buscan algún sentido en la actualidad.11

Tenemos muchas opciones—desde los productos que compramos y el tiempo que dedicamos hasta las diferentes religiones de una sociedad pluralista. Estas son buenas características de nuestra cultura moderna. Pero una invitación continúa tratando de llamarnos la atención. No es un mandato rígido, exclusivo ni restrictivo. Más bien, es una simple invitación que Jesús hace a los que están interesados: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”.12


  1. La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional © 2009, Mateo 7:13–14.
  2. Muchos filósofos, sociólogos y teólogos del Siglo XX han descrito este fenómeno de la sociedad occidental industrializada. Uno de ellos notó cómo “los trabajadores de la fábrica están relacionados entre sí anónimamente como unidades en un  proceso mecanizado. Son piezas remplazables”. Lesslie Newbigin, Foolishness to the Greeks: The Gospel and Western Culture (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1986), 31.
  3. Ver La Santa Biblia, 1 Corintios 10:31, 1 Tesalonicenses 4:10–12 y Jeremías 29:7.
  4. Ibid., Colosenses 1:15–20.
  5. Para más información sobre Martin Luther King, Hijo, sus convicciones y el movimiento de derechos civiles, vea Martin Luther King Jr., The Autobiography of Martin Luther King Jr. (New York: Warner Books, 1998).
  6. Ver La Santa Biblia, Juan 13:34–35 y 15:9–17, y Efesios 4:25–32.
  7. Ibid., Juan 10:10.
  8. Ibid., Juan 17:3.
  9. Ver N. T. Wright, Surprised By Hope: Rethinking Heaven, the Resurrection, and the Mission of the Church (New York: HarperCollins, 2008).
  10. Notar la oración famosa de Jesús en Mateo 6:9–10: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
  11. Para una excelente introducción de cómo leer la Biblia de esta manera, ver Gordon D. Fee y Douglas Stuart, How to Read the Bible for All Its Worth, 3rd ed., (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2003).
  12. La Santa Biblia, Mateo 11:28.
  13. Crédito de Foto: InnvervisionArt / Shutterstock.com.
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