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Una Mirada más Profunda a: ¿Qué dice la Biblia acerca del Dolor y el Sufrimiento?

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¿Acaso la Biblia aborda el tema del dolor y el sufrimiento? ¿Qué es lo que dice?

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En su libro “The View from a Hearse,” Joe Bayly cuenta la historia de dos hombres que vinieron a consolarlo tras la muerte de sus tres hijos. El primero vino con respuestas. Dijo que Dios tenía un plan, que Él lo resolvería para su bien, y que Dios le daría fuerza a Joe. El segundo hombre vino simplemente a sentarse con Joe. No decía nada al menos que se le hablara, pero oró con Joe y se sentó en silencio con él. Joe escribe que aunque ambos hombres tenían buenas intenciones, no podía esperar más para que el primer hombre se retirara y no podía soportar que el segundo hombre partiera.1

La Biblia tiene muchas cosas que decir acerca del dolor y el sufrimiento. Pero básicamente, es más similar al hombre que da su presencia, que al hombre que da sus respuestas. La Biblia deja muchas de nuestras preguntas sobre el sufrimiento sin respuesta. Sin embargo, lo que hace es contarnos la historia de un Dios que se ha acercado a nosotros en medio de nuestro sufrimiento, que en realidad sufrió por nosotros, que algún día destruirá el sufrimiento para siempre.

Sufrimiento y Mal

El punto de vista bíblico del sufrimiento está conformado por lo que la Biblia es en realidad. Fundamentalmente, la Biblia es una historia—una historia que cuenta de dónde vino el mundo, lo que ha salido mal en él y lo que Dios está haciendo para corregirlo. Puede ser pensado como una obra con cuatro actos: Creación, caída, redención y restauración.

El sufrimiento hace su aparición en la historia con la entrada del mal en el segundo acto. La Biblia enseña que el mal entró en la creación de Dios a través de la rebelión de algunas de las criaturas de Dios—primero ángeles y luego seres humanos.2 Cuando los seres humanos perdieron su inocencia a través del pecado original (desobedeciendo a Dios en el jardín de Edén),3 el dolor y la futilidad entraron en las experiencias humanas básicas de la familia y el trabajo como resultado.4

Entonces, dentro de la cosmovisión bíblica, el sufrimiento no es una fijación permanente o intrínsecamente necesaria de la realidad, como en algunas representaciones de la noción oriental del Yin y el Yang. Por el contrario, todo dolor y sufrimiento es el resultado de la caída. Es una consecuencia de la noción bíblica del pecado—que un autor cristiano describe como una enfermedad que ha entrado en el mundo a través de seres creados negándose a aceptar su condición de criaturas.5

En otras palabras, la Biblia tiene un punto de vista lineal, más que cíclico, del sufrimiento. No ha sido así siempre, y no siempre lo será. Es sólo un capítulo de una historia más grande.

La Gravedad del Sufrimiento

La Biblia también tiene una perspectiva sobria y realista sobre el sufrimiento. Afirma su aspecto inconcebible, su tragedia, su peso asombroso y opresivo. En ninguna parte la Biblia prohíbe las lágrimas o las presenta como un signo de debilidad. De hecho, las recomienda cuando estamos en presencia de los que sufren; Los lectores de la Biblia están llamados a "llorar con los que lloran.”6

Hay un libro completo en la Biblia titulado Lamentaciones, que, según la tradición, registra oraciones cargadas de dolor del profeta Jeremías al Señor después de que Jerusalén fuera saqueada y el templo destruido en el año 587 AEC. En el libro de los Salmos, que es una colección de canciones y poemas utilizados para el culto, el lamento es un tema recurrente. El libro está lleno de afirmaciones como:

“Cansado estoy de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi cama, ¡mi lecho empapo con mi llanto!”—Salmos 6:6

“¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro? ¿Hasta cuándo he de estar angustiado y he de sufrir cada día en mi corazón?”—Salmos 13:1–2

“Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: ‘¿Dónde está tu Dios?’”—Salmos 42:3

“Me has echado en el foso más profundo, en el más tenebroso de los abismos.”—Salmos 88:6

Las víctimas que acuden a la Biblia encontrarán en ella algo como el segundo amigo de Joe Bayly. [La Biblia] No es remota, trivial, simplista o superficial. Es un libro honesto que funciona justo en medio de las ásperas realidades que enfrentamos en la vida. Incluso tiene un libro dedicado a la reflexión y la lucha con la aparente inutilidad y la falta de sentido de la vida.7 El libro del Eclesiastés abordó este problema milenios antes de Kierkegaard, Sartre o Camus.

La Biblia es muy sensible al problema del sufrimiento, incluyendo el sufrimiento interno que muchas personas modernas enfrentan. Siempre tiene algo que decirnos sobre estos temas, si tenemos ojos dispuestos a leer y oídos dispuestos a escuchar.

Confiando en Dios en medio del Sufrimiento

El profeta Habacuc vivió un período de gran sufrimiento dentro del pueblo de Dios. Abrió su libro al hacerle dos preguntas a Dios: ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué?

Habacuc vivió la época que precedió al exilio que Jeremías lamentó (unos seiscientos años antes de que Cristo viviera). Habacuc miró alrededor del reino de Judá y clamó a Dios por la injusticia y el mal que vio por todas partes. Dios contestó a Habacuc, pero no era la respuesta que Habacuc esperaba. De hecho, causó aún más confusión a Habacuc.

Dios declaró que estaba levantando a los caldeos—un pueblo brutal y aterrador—para ejecutar el juicio sobre Judá por su injusticia y transgresiones. Habacuc luego tuvo que luchar con la manera en que Dios podría utilizar esa nación opresiva y perversa para lidiar con los problemas entre el pueblo de Dios. Clamó a Dios otra vez, preguntando cómo Dios podía utilizar una maldad para comprobar otra: “¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos?”8

Dios respondió por segunda vez, declarando que tomaría todo en cuenta y se desquitaría. Podría tardar más tiempo del que Habacuc esperaba, pero la justicia de Dios vendría definitivamente y en el tiempo correcto. Entretanto, le pidió a Habacuc que confiara en él y, por fe, atravesara esa temporada difícil, porque, “El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.”9 Al final, Habacuc tuvo una visión de Dios de juicio y salvación. Ver a Dios le permitió encontrar alegría, incluso en medio de su sufrimiento.

Cuando experimentamos sufrimiento o lo observamos en las vidas de las personas que nos rodean, una de las preguntas más naturales que nos hacemos es, ¿Por qué? ¿Por qué sucedió ese desastre natural? ¿Por qué mi persona amada tiene cáncer? ¿Por qué nunca conocí a mi padre? ¿Por qué Dios permitió el Holocausto?

Es alentador saber que no estamos solos al hacer tales preguntas, y que clamar a Dios en nuestro dolor no está prohibido. La Biblia ofrece la visión de un Dios que es lo suficientemente grande para manejar este tipo de preguntas y suficientemente grande como para confiar en él incluso cuando la vida parece estar cayéndose en pedazos.

Luchando con el Sufrimiento

Uno de los enfoques más profundos y más conmovedores sobre el sufrimiento en la Biblia es la historia de Job. Job era un hombre inocente que sufrió terriblemente; perdió todo lo que tenía y, por encima de todo, estaba cubierto de forúnculos. Ahora, eso es difícil. Los tres amigos de Job vinieron a visitarlo, cada uno suponiendo que Job debía ser culpable de algún delito. Su razonamiento era este: Seguramente, Job debió haber provocado a Dios de alguna manera. Es la única explicación posible para el sufrimiento que le ha superado.

La mayor parte del libro de Job consiste en diálogos entre él y sus amigos en los cuales ellos siguen diciendo esencialmente, “Vamos, Job, ¡confiesa! ¿Qué hiciste para merecer esto?” Pero al final del libro, Dios reprende a los amigos de Job y elogia a Job. Incluso, Job ora por sus amigos porque Dios está enojado con ellos sobre cómo trataron a Job.

Uno de los usos dados al libro de Job es para distinguir un punto de vista bíblico de sufrir el concepto del karma, el cual es la idea de que existe una especie de ley de causa y efecto inquebrantable en el ámbito moral. En un universo gobernado por el karma, la gente que hace bien experimentará el bien y la gente que hace mal experimentará el mal. Eso significa que si vemos a alguien que sufre, podemos concluir que hizo algo malo para ganárselo. Muchas personas asumen—quizás a veces subconscientemente—que es exclusivamente así como funciona el sufrimiento.

El punto de vista bíblico del sufrimiento está más matizado que el punto de vista kármico. En el punto de vista bíblico, no siempre podemos entender por qué el sufrimiento ocurre en esta vida. Job nunca aprendió la verdadera causa de su sufrimiento, incluso después de que había sido restaurada por Dios. Pero Job encontró a Dios. Cuando Dios habla del sufrimiento de Job en Job 38-41, básicamente dice: “Oye, Job, soy Dios. Tú no lo eres. Vas a tener que confiar en mí en esto.”

Algunos críticos ven esta respuesta como una no-respuesta al problema. ¡Pero no es así cómo se siente Job! Cuando Job ve a Dios, él ya no necesita una respuesta. Dios mismo es la respuesta. Job responde con alegría y arrepentimiento. Como el personaje de Orual en el libro de C. S. Lewis, “Mientras No Tengamos Rostro” (Till We Have Faces) Job descubre que hay una especie de alegría que es mucho mejor de lo que pensábamos que queríamos. Aquí vemos un atisbo de la esperanza que la Biblia ofrece a los enfermos. Como Habacuc, como Joe Bayly, Job necesitaba a Dios mismo más de lo que necesitaba que sus preguntas fueran contestadas.

¿Por qué es esto? ¿Qué de Dios cambia nuestra perspectiva sobre el sufrimiento?

El Dios que Sufrió

En su libro “Making Sense Out of Suffering,” Peter Kreeft escribe: “[Dios] no nos dió un placebo o una pastilla o un buen consejo. Él se nos entregó. Él vino. Entró en el espacio y el tiempo y el sufrimiento.”10

En el centro de la historia bíblica hay un Dios que en realidad se adentra en el sufrimiento por nosotros. El Nuevo Testamento de la Biblia enseña que Jesucristo era Dios en forma humana. Él nació, vivió, murió y resucitó de entre los muertos para derrotar al mal y reconciliar con Dios a aquellos que confían en él. Cuando Jesús fue colgado en la cruz, sufrió una de las peores muertes imaginables, porque tomó todos los pecados de la humanidad. A pesar de su inocencia, él murió por nuestros pecados.

Este es el mensaje principal de la Biblia, y es un mensaje de muy buenas noticias. En esencia, la Biblia no es un libro de consejos o principios morales que nos ayudan a lidiar con el sufrimiento y a tener una mejor vida. Fundamentalmente, es la historia de lo que Dios ha hecho por nosotros, de cómo está reparando un mundo quebrantado; es un mensaje de esperanza a la luz de su sufrimiento por nosotros.

Si Jesús era Dios entre nosotros, como afirma la Biblia, entonces no podemos ver el sufrimiento de la misma manera. Como Dorothy Sayers escribió:

Por alguna razón Dios eligió hacer a la gente como es—limitada, que sufre y sujeta a penas y a la muerte—tuvo la honestidad y la valentía para tomar una cucharada de su propia medicina. Cualquiera que sea el juego que está jugando con su creación, ha mantenido sus propias reglas y ha jugado de manera justa. Él no puede exigirnos algo que no se haya exigido antes a sí mismo. Él mismo ha atravesado la experiencia humana completa, desde las irritaciones triviales de la vida familiar y la falta de dinero hasta los peores horrores de dolor y humillación, derrota, desesperación y muerte. Cuando era hombre, representó al hombre. Nació en la pobreza y murió en la desgracia y pensó que todo valdría la pena.11 

Por supuesto, el sufrimiento de Cristo no se llevó nuestro propio dolor inmediatamente. De hecho, Jesús le aseguró a sus seguidores que efectivamente tendrían problemas en esta vida.12 Pero el sufrimiento de Cristo da esperanza durante tiempos difíciles porque imparte algo que es más fuerte que el sufrimiento: El amor de Dios, que el Apóstol Pablo llamó un “amor que sobrepasa nuestro conocimiento.”13 Como explica Tim Keller:

Si hacemos una vez más la pregunta, “¿Por qué Dios permite que el mal y el sufrimiento continúen?” y vemos la cruz de Jesús, aún no sabemos cuál es la respuesta. Sin embargo, ahora sabemos cuál no es la respuesta. No puede ser que no nos ama. No puede ser que sea indiferente o esté separado de nuestra condición. Dios toma nuestra miseria y sufrimiento tan en serio que estuvo dispuesto a cargarlo él mismo.14 

El Final del Sufrimiento

Aunque la Biblia no hace promesa alguna de llevarse nuestro sufrimiento en esta vida, sí nos da esperanza de que el sufrimiento un día terminará para siempre. Al final de la Biblia, nos da una visión gloriosa de un mundo venidero en el que todo el dolor y el sufrimiento se irán para siempre. Apocalipsis 21:4 nos dice algo hermoso: “Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.”

La imagen de Dios limpiando las lágrimas de los ojos de su gente comunica no sólo el cese del sufrimiento terrenal, sino también el consuelo para el sufrimiento terrenal. Al final de “El Señor de los Anillos,” Samwise Gamgee pregunta, “¿Acaso todo lo triste era irreal? ”15 En la Biblia, el cielo representa el lugar donde la tristeza no sólo termina, pero se convierte en irreal—para siempre. Como C. S. Lewis escribió en su libro “El Gran Divorcio” (The Great Divorce), “Dicen de algunos sufrimientos temporales, ‘no hay felicidad futura que pueda compensarse sin saber que el cielo, una vez alcanzado, funcionará al revés y convertirá incluso esa agonía en una gloria.’”16 La Biblia ofrece este increíble regalo a todo aquel que se arrepiente del pecado y confía en Cristo para la salvación. Según la Biblia, quienes rechazan esta salvación y persisten en una rebelión en contra de Dios serán desterrados de la presencia de Dios y experimentarán una muerte eterna y sufrimiento.17

Según la Biblia, Dios ya nos hizo la primera entrega de este hermoso final cuando resucitó a Jesús de entre los muertos. Un día, lo que le sucedió a Jesús—la revocación de la muerte y la liberación de la decadencia—sucederá a través de la creación; el mundo será redimido y hecho nuevo.18 El antídoto se extenderá a lo largo de todo el sistema. Esta visión de alegría como el destino final de la creación redimida explica nuestro anhelo de felicidad permanente y esa sensación que a veces tenemos de estar fuera de lugar en este mundo. El teólogo Chesterton dijo:

El hombre es más él mismo, el hombre es más parecido al hombre, cuando la alegría es lo fundamental en él y el dolor lo superficial.  La melancolía debería ser un interludio inocente, un estado de ánimo tierno y fugitivo; la alabanza debería ser la pulsación permanente del alma. El pesimismo en el mejor de los casos es una semi-vacación emocional; la alegría es el trabajo estruendoso por el cual todas las cosas en viven.19 

Ya sea que creas o no en esta visión del triunfo de la alegría y la descomposición del sufrimiento, tienes que admitir que este es un pensamiento hermoso.

Respondiendo al Sufrimiento

Pero, ¿qué hacemos con todo esto? ¿Cuál es el beneficio práctico cuando estamos activamente sufriendo en el aquí y ahora?

El sufrimiento puede producir resultados muy diferentes en la vida de las personas, dependiendo de cómo respondan a él. La misma experiencia dolorosa puede hacer a una persona amargada, estrecha y mezquina y a otra persona más dulce, más humilde y más paciente. ¿Qué hace la diferencia?

Un aspecto importante de la enseñanza de la Biblia es el llamado a perseverar con integridad mediante el sufrimiento. Santiago enseñó que ante las pruebas nos debemos considerar “muy dichosos” porque éstas producen constancia.20 El Apóstol Pablo llevó el concepto aún más lejos, diciendo que “el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.”21 El Nuevo Testamento repetidamente llama a los cristianos a ponerse en pie bajo el sufrimiento injusto e incluso a regocijarse en él a la luz de los propósitos redentores de Dios.22

El sufrimiento puede endulzarnos y profundizarnos. El sufrimiento puede envenenarnos y amargarnos. Tenemos una opción.

Viktor Frankl era un psicólogo judío que pasó años en un campo de concentración Nazi durante el Holocausto. Tras su liberación, escribió sobre sus experiencias y observaciones. En su libro “El Hombre en busca del Sentido Último,” escribió: “Al hombre se le puede quitar todo excepto una cosa: La elección de una actitud personal ante ciertas circunstancias para decidir su propio camino.”23

El Testimonio de Personas que Sufren

Las voces de las personas que sufren a lo largo de los siglos han clamado sobre la diferencia que Dios hace en medio del sufrimiento. William Cowper era un poeta cristiano que sufrió terriblemente. Cuatro veces se volvió loco, intentó suicidarse en varias ocasiones y se vio debilitado por depresión durante largos períodos de tiempo, incluidos los últimos diez años de su vida. En medio de una de sus más oscuras luchas, le escribió a un amigo:

Es con gran renuencia que escribo, sabiendo que puedo decir nada más lo que sé te angustia. Me desespero de todo, y mi desesperación es perfecta, ya que se basa en una persuasión, de que no hay alguna ayuda eficaz para mí, ni siquiera en Dios. Desde las cuatro de la mañana hasta después de las siete estuve meditando terrores; terrores tales que ni el lenguaje puede expresar y que ningún corazón, estoy seguro, sólo el mío lo sabe. La punta de mis dedos se estremecieron con él.24 

En otra carta confesó, “Una cosa y sólo una se queda para mí, el deseo de que yo jamás hubiera existido.”25

Pero la desesperación de Cowper no es la suma y el total de su vida. En sus cartas, así como en su poesía e himnos, hay otra línea de pensamiento—uno de esperanza, paciencia y fe en Dios. En uno de sus himnos más famosos, escribió:

No juzguéis al Señor con vuestros
Débiles sentidos,
Sino confiad en su gracia;
Detrás de una providencia de ceño fruncido
Él esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos madurarán con rapidez,
Abriéndose hora tras hora;
El capullo tendrá amargo sabor,
Pero dulce será la flor.

La ciega incredulidad yerra con seguridad,
Y escudriña en vano su obra;
Dios es su propio intérprete,
Y Él es quien la dará a conocer.26

La vida y las escrituras de Cowper nos recuerdan que, tan poderoso como sea el sufrimiento, Dios es más poderoso. Tan real como sea el sufrimiento, Dios es más real. Tan profundo como pueda llegar el sufrimiento, Dios va más profundo. Como Corrie Ten Boom escribió mientras languidecía en una prisión Nazi en 1944: “No hay un hoyo tan profundo, sino que el amor de Cristo es aún más profundo.”

Sufrimiento y Teodicea

Esta historia bíblica tiene un sorprendente poder para ayudarnos a resolver el sufrimiento en nuestras vidas. Pero, por supuesto, hay una pregunta filosófica más básica a nuestro alcance: En primer lugar, ¿por qué Dios creó un mundo en el que había la posibilidad de sufrir? Si él es todopoderoso y absolutamente bueno, ¿por qué no ha eliminado la posibilidad de sufrir en absoluto?

Durante siglos, los cristianos han respondido a esta pregunta, que a menudo se llama el Problema del Mal, con muchas diferentes teodiceas—defensas del carácter bueno y poderoso de Dios a pesar de la existencia del mal. “El Paraíso Perdido” de John Milton, uno de los poemas épicos más respetados en el idioma inglés, está devotamente dedicado a este tema.

Pero quizás la respuesta más influyente ante el Problema del Mal es la “teodicea del libre albedrío” de Agustín de Hipona (354-430). Agustín enseñó que el mal es simplemente la privación del bien; existe como una posibilidad necesaria en un mundo de criaturas libres y moralmente conscientes. Según esta manera de pensar, si Dios quisiera un mundo sin posibilidad alguna de dolor, él habría tenido que crear un mundo sin posibilidades de libre elección o amor verdadero—un mundo de robots, no de personas.

Otro filamento temprano del pensamiento cristiano, representado por teólogos tales como el Origen de Alejandría (184/185 – 253/254), puede ser llamado “teodicea de los bienes más grandes.” En esta defensa, se dice que Dios permite el mal porque en última instancia él está usando el mal para lograr un bien más grande. La mayoría de las personas pueden identificarse con esto al menos hasta cierto punto; algunos de nosotros podemos reflexionar en algún momento en el cual pensábamos que algo estaba mal y al final resultó para ser para bien. Si Dios puede convertir un mal en bien, entonces el argumento sería, ¿por lo tanto no es posible—dado suficiente tiempo y sabiduría—que Dios pueda convertir todo el mal en bien?

Debido a tales posibilidades—y la finitud del conocimiento humano sobre lo que haría un Dios perfecto en un determinado conjunto de circunstancias—incluso muchos ateos y agnósticos contemporáneos reconocen que el Problema del Mal, tiene a lo sumo, un argumento probabilístico. Se plantea interrogantes para el teísta, pero no hace el teísmo imposible.

El periodista cristiano Malcolm Muggeridge reflexionó el sufrimiento en su vida de esta manera:

Contrario a lo que podría esperarse, volteo hacia  atrás a las experiencias que en aquel momento parecían especialmente desoladoras y dolorosas. Ahora vuelvo atrás hacia ellas con particular satisfacción. De hecho, puedo decir con total sinceridad que todo lo que he aprendido en mis setenta y cinco años en este mundo, todo lo que realmente ha mejorado e iluminado mi existencia ha sido a través de la aflicción y no de la felicidad ya sea que fuera perseguida o alcanzada. En otras palabras, esto digo, si fuera posible eliminar la aflicción de nuestra existencia terrenal por medio de alguna droga u otras palabrerías, los resultados no serían para hacer que la vida fuera deliciosa, sino para hacerla demasiado banal y trivial como para aguantarla. Esto, por supuesto, es lo que significa la cruz y la cruz, más que nada, es lo que me ha llamado inexorablemente a Cristo.27 

El Problema de la Felicidad y el Bien

Las teodiceas pueden ser útiles. Pero supón que uno encuentra como insuficientes las tradicionales respuestas cristianas a la cuestión del mal y se siente obligado a negar la existencia de Dios. En este punto, el problema del sufrimiento se convierte en un problema aún mayor. Después de todo y en ese momento, ¿cómo puede decir uno que hay tal cosa como el mal? ¿Por qué sufrir es realmente objetivamente malo y no meramente personalmente inconveniente? C. S. Lewis llegó a darse cuenta de ello en su propio viaje fuera del ateísmo:

Mi argumento en contra de Dios era que el universo parecía muy cruel e injusto. ¿Pero cómo obtuve esta idea de justo e injusto? Un hombre no llama torcida a una línea al menos que tenga la idea de una línea recta. ¿Con qué estaba yo comparando este universo cuando lo llamé injusto? Si todo el espectáculo era malo y sin sentido de la A a la Z, por así decirlo, ¿por qué yo—que se supone debía ser parte del espectáculo—me encuentro en tal reacción violenta contra él? Un hombre se siente mojado cuando se cae en el agua, porque el hombre no es un animal de agua: Un pez no se sentiría mojado. Por supuesto, podría haberte dado mi idea de justicia diciendo que no era nada más que una idea propia privada. Pero si hubiera hecho eso, mi argumento contra Dios se hubiera derrumbado también—el argumento dependía sólo de decir que el mundo era muy injusto y no simplemente que no complacía mis caprichos privados.28 

En otras palabras, el sufrimiento y el mal son problemas para todos, teístas y ateos por igual. El teísta sabe por qué los aborrece, porque el teísta cree que el sufrimiento y el mal son una desviación de una norma real, una caída desde un bien real. El ateo, por el contrario, debe proporcionar una explicación de por qué son tan trágicos el sufrimiento y muerte.

La película “Un Día para Sobrevivir” (The Grey) plantea esta pregunta dramáticamente: Si en última instancia, la muerte es todo lo que hay, ¿por qué su presentación desde un punto de vista nihilista es tan escalofriante, tan inquietante y tan conmovedora? ¿Por qué el personaje de Liam Neeson valora tanto las fotografías de los miembros de la familia en las carteras de los otros personajes? ¿Por qué clamó a Dios por una respuesta, si allí no había Dios alguno para que se le solicitara nada? ¿Por qué la muerte es trágica, si la muerte es el rey?

Si al creyente se le pide que proporcione una teodicea, al incrédulo se le puede pedir que proporcione una explicación de su deseo por la teodicea. Si el sufrimiento y el mal son desconcertantes dentro de teísmo, la felicidad y el bien sólo pueden ser incomprensibles dentro del ateísmo.

Una Útima Nota

Una cosa es hablar el problema del sufrimiento en lo abstracto. Otra cosa es experimentar el sufrimiento en nuestras vidas o verlo dramatizado en las vidas de otras personas. La novela clásica “Los Hermanos Karamazov” de Fiódor Dostoievski es una dramatización de gran alcance de la naturaleza redentora del sufrimiento. El personaje de Iván da una expresión desgarradora del Problema del Mal en un discurso en el libro V, capítulos 3 y 5, y ningún otro personaje en el libro realmente da una respuesta.

Está tan enérgica y empáticamente articulado que uno se pregunta si es el punto de vista de Dostoievski brillando a través de palabras de Iván. El enfoque de Iván en el sufrimiento de los niños a lo largo de su discurso se agrega a esta sospecha, teniendo en cuenta que la escritura de la novela de Dostoievski se interrumpió en mayo de 1878 por la trágica muerte de su hijo de tres años.

Pero los acontecimientos de la historia debilitan el argumento de Iván. La narrativa abruma la lógica. La filosofía de Iván es el razonamiento utilizado por el personaje Smerdiakov para cometer la tragedia central de la trama: El asesinato del padre de Iván. E Iván se vuelve loco al tratar de llegar a un acuerdo con su indirecta complicidad en el asesinato de su propio padre. No hay duda que Dostoievski entiende la perspectiva de Iván desde adentro hacia afuera—y sin embargo finalmente, demuestra su imposibilidad.

En la conclusión del libro XI, Aliosha, el héroe extrañamente silencioso del libro, reflexiona sobre la locura de Iván:

[Aliosha] empezó a comprender la enfermedad de Iván: “¡Los tormentos de una decisión orgullosa, una conciencia profunda!” Dios, en quien no creyó, y su verdad fueron superando su corazón, que todavía no se ha querido someter. . . . Aliosha sonrió suavemente: “¡Dios ganará!” pensó. “Él se alzará a la luz de la verdad, o perecerá en el odio, tomando venganza sobre sí mismo y sobre todo el mundo por haber servido a algo en lo que él no cree,” Aliosha añadió amargamente y una vez más oró por Iván.29 

En “Los Hermanos Karamazov” y en nuestra vida real, no hay nada que pueda quitar la dificultad del sufrimiento. Algún sufrimiento—al menos en esta vida—no tiene respuesta inmediata además del llanto. Pero sin embargo, la fe difícil en Dios puede estar a la luz del dolor terrible en este mundo, su única alternativa es una desesperación inhabitable. Y si rechazar a Dios sólo agrava el problema del sufrimiento, la opción más inteligente—sin importar lo difícil que pueda ser—es confiar en que al final Dios es lo suficientemente grande para tener una respuesta para el sufrimiento.


  1. Joseph Bayly, The View from a Hearse: A Christian View of Death (Colorado Springs: David C. Cook, 1969). Tim Keller resume esta historia aquí: http://www.youtube.com/watch? v=So77oS7Kih8.
  2. Véase La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional © 1999, Ezequiel 28:12–18, Lucas 10:18.
  3. Ibid., Génesis 3:1–8.
  4. Ibid., Génesis 3:16–19.
  5. J. R. R. Tolkien, The Silmarillion, 2nd ed., ed. Christopher Tolkien (1977; reproducida, Nueva York: Houghton Mifflin, 2001), 19–22.
  6. La Santa Biblia, Romanos 12:15.
  7. Los académicos debaten la cuestión fundamental que se aborda en Eclesiastés. No todos piensan que es sobre “la aparente inutilidad o falta de sentido de la vida,” especialmente en un sentido moderno y existencialista. Algunos lo ven como un tratado de la naturaleza provisional de la vida. Otros lo toman como si estuviera abordando la absurdidad de la vida.
  8. La Santa Biblia, Habacuc 1:13.
  9. Ibid., Habacuc 2:4.
  10. Peter Kreeft, Making Sense Out of Suffering (Ann Arbor, MI: Servant Books, 1986), 133.
  11. Dorothy Sayers, Letters to a Diminished Church: Passionate Arguments for the Relevance of Christian Doctrine (Nashville: Thomas Nelson, 2004), 2.
  12. Véase La Santa Biblia, Juan 16:33.
  13. La Santa Biblia, Efesios 3:19.
  14. Tim Keller, The Reason for God: Belief in an Age of Skepticism (Nueva York: Dutton, 2008), 30.
  15. J. R. R. Tolkien, The Lord of the Rings (1954; reproducido, Nueva York: Houghton Mifflin Company, 1994), 951.
  16. C. S. Lewis, The Great Divorce (London: Macmillan, 1946), 64.
  17. La Santa Biblia, Apocalipsis 20:12–15.
  18. Véase La Santa Biblia, Romanos 8:20–21, Apocalipsis 21:5.
  19. G. K. Chesterton, Orthodoxy (Nueva York: John Lane Company, 1908), 296.
  20. La Santa Biblia, Santiago 1:2–4.
  21. Ibid., Romanos 5:3–4.
  22. Véase La Santa Biblia, 1 Pedro 4:12–19.
  23. Viktor E. Frankl, Man’s Search for Meaning (1946; reprinted, Boston: Beacon Press, 2006), 75.
  24. The Selected Letters of William Cowper, ed. Mark Van Doren (Nueva York: Farar, Straus y Young, 1951), 287.
  25. The Selected Letters of William Cowper, 300.
  26. William Cowper, “God Moves in a Mysterious Way,” 1774.
  27. Malcolm Muggeridge, In the Valley of This Restless Mind (Collins, 1978), 72.
  28. C. S. Lewis, “Mero Cristianismo” (San Francisco: Harper SanFrancisco, 2001), 38–39.
  29. Fiódor Dostoievski, “Los Hermanos Karamazov,” trans. por Richard Pevear (Nueva York: Farrar, Straus, y Giroux, 2002), 649.
  30. Crédito de Foto: Robert Kohlhuber / Stocksy.com.
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