Una Mirada más Profunda a: ¿Qué dice la Biblia acerca del Amor?
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Una Mirada más Profunda a: ¿Qué dice la Biblia acerca del Amor?

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A la gente le encanta hablar del amor. ¿Qué tiene que decir la Biblia al respecto?

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La semana pasada, en medio de la conversación sobre el matrimonio homosexual en Estados Unidos, el Presidente Barack Obama tuiteó, “Haz Retweet si crees que todo el mundo debería poder casarse con la persona que ama. #LoveIsLove (“Amor es amor”).”1

A pesar de su brevedad necesaria, el Presidente Obama hizo una declaración radical. Dicho esto, quiero poner a un lado los anexos de la declaración política y no hablar nada más sobre el tema del matrimonio del mismo sexo, su legalidad, o la respuesta cristiana. Sin embargo, lo que sí quiero hacer, es investigar la declaración de principios y compararla con la Biblia.

Esto, después de todo, debe ser la respuesta cristiana general a todo: Observar lo que el mundo llama “bien,” “correcto,” y “amor,” y compáralo con la palabra de Dios, afirmando lo que se superpone y desechando el resto. Espero poder lograr esto con la tarea a realizar a continuación: Examinar lo que dice la Biblia sobre el amor.

El Amor no es Plastilina

Usando el tuit del Presidente como una especie de trampolín a la cultura en general, es obvio que se asume la definición de “amor.” Una declaración autorreferencial como “Amor es amor”—mientras que retóricamente es pegajosa—es en última instancia insignificante cuando se mira en un vacío conceptual.

Yo sostengo que esta iteración popular de la palabra “amor” es indicativa de una realidad más grande. Puesto de manera simple, la flexibilidad interminable del amor ha estirado y estirado la palabra en un subjetivismo completo. Esto no sólo ha vaciado la palabra de su significado original y bíblico, sino que también ha dejado al “amor” como un término universal para nada en particular, donde cada uso está impregnado de las preferencias y suposiciones de quien está hablando. Por lo mismo, muchas conversaciones sobre él se sienten como si se estuviera montando un carrusel en la oscuridad.

Respuestas Inspiradas por Dios

Cuando enfrentamos reclamos de verdades opuestas, los cristianos siempre deben voltear a ver las escrituras primero. Si creemos al apóstol Pablo cuando dice, “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra,” entonces no tenemos mejor elección.2

Dicho esto, hay varias maneras de responder a la pregunta de qué dice la Biblia sobre el amor. Después de todo, la Biblia dice muchas cosas sobre el amor y, a diferencia de un tuit de 140 caracteres, es capaz de proporcionar descripciones, explicaciones y afirmaciones matizadas y contorneadas—todo coalescente en una definición de amor que es multifacética pero nunca contradictoria; simple pero nunca simplista.

El Amor es todo acerca de Dios

Lo primero y lo más importante que debemos reconocer sobre el amor es que es todo acerca de Dios. Con esto quiero decir que el amor se origina y es agotado por el Dios Trino—la Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Jesús nos deja entrever esta realidad en Juan 17. Aquí, en lo que a veces llaman la “Oración Sacerdotal,” Jesús ora por los cristianos, tanto presentes como futuros. Entre otras cosas, le pide al Padre que les conceda unidad y amor continuo, que los mantenga hasta el final en medio del odio inevitable del mundo. Jesús también utiliza partes de la oración para centrarse en sí mismo, específicamente en su muerte inevitable. Sabiendo muy bien lo que le espera, él pide que Dios logre lo que se dispuso a hacer al enviar a su hijo a la Tierra,3 él ora, “Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.”4

Unos versículos más adelante, Jesús dice estas palabras “Padre, quiero que los que me has dado5 estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.”6

Por lo tanto, imagina que no existieras. De hecho, imagina que nada ha existido—ninguna persona, ningún lugar, ninguna cosa. ¿Acaso queda algo?

De acuerdo con Jesús, sí. Quedan la gloria, la presencia y el amor. ¿Entre quiénes? Entre el Dios eternamente amoroso, eternamente seguro y eternamente completo. En otras palabras, la Trinidad y los afectos y relaciones presentes en él funcionan como las bases del amor.

Sin el Padre amando al Hijo y al Espíritu; sin el Hijo amando al Padre y al Espíritu; y sin el Espíritu amando al Padre y al Hijo—lo que es todo “antes de la creación del mundo”—no sabríamos nada del amor porque el amor no existiría.

Entonces, ¿qué deben decir los cristianos acerca del amor? Deben empezar donde comienza la Biblia, y la Biblia encuentra las raíces del amor en la Trinidad.7

Una Base Establecida

Discúlpame por ser tan directo tan pronto. Estas verdades bíblicas son propensas a confundir nuestras mentes mortales—que sin duda incluye la mía propia. Sin embargo, mientras reconozco esta dificultad, también estoy convencido de que estas realidades deben funcionar como asunciones de apoyo detrás de nuestra discusión de lo que dice la Biblia acerca del amor. Si “Dios es amor,” como el Apóstol Juan afirma, entonces entender el amor o a Dios en cualquier sentido significativo requiere que primero investiguemos en términos de Dios, en su palabra.8 Es entonces cuando nuestra discusión será tanto fiel como fructífera.

En resumen, una comprensión bíblica del amor encuentra su único origen aceptable en la Trinidad, en la cual, hay tanta entrega como autoridad, servicio y obediencia. Esa es la primera verdad y la más fundamental. Si oímos o recordamos nada más, como mínimo, debemos recordar esto: El amor comenzó con Dios—y fue personificado en Jesús—por lo tanto para encontrar la altura de su significado, necesitamos ver nada diferente que al Dios mismo.

Monedas Falsas de la Cultura

Ponemos la mirada en Dios porque la cultura trafica monedas falsas, mintiendo a medida que estampan “AMOR” (Love) en cada uno de estos términos—ya sea sexualidad y lujuria, abuso y explotación, o avaricia y egoísmo. Los cristianos harían bien en reconocer este hecho.

Dicho esto, mientras que el amor de Dios por sí mismo es el núcleo de la definición de amor, no debemos considerarlo exhaustivo. Lo que vemos en las Escrituras es que el amor de Dios por Dios tiene un efecto búmeran y afecta todo: Cómo él ama a su pueblo, cómo su pueblo lo ama a él, y cómo él espera que su pueblo ame a otras personas.9 A partir de aquí, simplemente tratemos de rastrear el vuelo del búmeran.

El Amor es Sacrificio

Además de ser originado en Dios, el amor bíblico también es sacrificio. Esto se comunica claramente a través de varios textos bíblicos, especialmente aquellos que se enfocan en la muerte del hijo de Dios, Jesucristo. Por ejemplo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos.”10 Al día siguiente, hizo precisamente eso. Mientras sus amigos se dispersaban, hasta negando que lo conocían11 y escondidos en el miedo de la multitud,12 Jesús padeció, sufrió y murió por ellos.

El Apóstol Pablo más tarde hace la conexión entre el amor y el sacrificio en el libro de Romanos. Escribe a un grupo de cristianos, y les recuerda la gracia generosa de Dios a través de Cristo: “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”13

Y por supuesto, es quizás uno de los más famosos versos de la Biblia: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”14  ¿Cómo demostró Dios su amor por nosotros? Al renunciar a su hijo para nuestro beneficio.

En las escrituras, el amor está entrelazado con el sacrificio. Esto se ejemplifica a través de la Biblia, pero nos encontramos con su ápice en la muerte de Jesucristo, el hombre perfecto que murió por los pecados del mundo.

En la cruz, Jesús murió por quienes ya habían muerto. El héroe murió por el villano.15  Él ama a los desagradables y les hace adorables dándoles gentilmente lo que necesitan para ser salvados: gracia y fe. Y este es “el regalo de Dios.”16

Vertical a Horizontal

El objetivo principal de las escrituras es vertical, lo que significa que en gran parte aborda la relación entre Dios y el hombre, Creador y la creación. A menudo, sin embargo, Dios aclara la vertical por medio de la horizontal. Usa imperativos horizontales—“Haz esto”—como prueba para detectar la presencia de realidades verticales.

Este concepto es demostrado con amor. Así como el amor de Dios en Cristo por nosotros fue sacrificado, así debe ser nuestro amor por el otro. Jesús plantea concisamente en Juan 13 cuando dice: “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.”17 Para dar aún más cuerpo a esto, yo creo que es útil citar al apóstol Pablo más ampliamente. Escribe a la iglesia en Filipos:

Llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.18

Aquí, Pablo muy sencillamente conecta la ética cristiana del amor y servicio con el sacrificio de Cristo. “Ser de la misma mente” y “tener el mismo amor” nos sujeta a la misma persona: Jesucristo. Él puso el ejemplo y sirvió como pionero de amor y humildad. La aritmética es simple: Dios nos amó con sacrificio en Cristo; por lo tanto, emulando a Cristo, amamos a otros sacrificialmente.

Amor. . . ¿Y Autoridad?

Como hemos visto, la Biblia nos dice que el amor es sacrificio, originado en Dios y se manifiesta tanto horizontal como verticalmente. Pero eso no es todo. Observa lo que Jesús dice después del versículo que hemos estado citando: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.”19

Inmediatamente, la aclaración de Jesús rechina contra nuestra cultura a medida que él introduce un elemento de autoridad en su definición del amor. Él hace esto porque es tanto Mesías—Salvador—como Señor—el Hijo de Dios santo y justo. Esto debe destacarse porque cualquier definición del amor despojada de autoridad es simplemente sub bíblica.

Consideremos las verdades mencionadas anteriormente. Existe amor y autoridad dentro de la Trinidad, como fue Jesús quien obedeció perfectamente la voluntad del padre al morir en la cruz por los pecadores. Jesús es “el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.”20

Amor y Autoridad en la Cruz

También hay autoridad presente en el amor sacrificial de Dios para nosotros. Después de todo, participar en una relación con Dios significa someterse a su Señoría, bajo su autoridad correcta y justa. No nos convertimos en cristianos, acumulamos una enorme deuda en la tarjeta del pecado y esperamos a que papi nos saque del apuro. No funciona de esa manera.

Más bien, nuestra disposición hacia el pecado y la santidad cambia. Cambiamos los equipos; ya no nos estamos comprometidos con nuestra propia autonomía. Este es el punto de Pablo en Romanos 6. Te invito a leer el capítulo completo, pero aquí está el principio y el final, que concluye su argumento muy bien. Él escribe:

¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?. . . Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.21

Una vez más, ser “amado” por Cristo o “amar” a Cristo, aún y aferrándonos a nuestra propia libertad sin restricciones es un espejismo, un truco del diablo. Siempre estamos bajo la autoridad de un maestro. Es simplemente una cuestión de si ese maestro es difícil, voluble e imposible de complacer—como el pecado—o gentil, constante y complacido por la fe22—como Dios.23

El amor de Dios por nosotros está entrelazado en su autoridad porque él nos ama al dejarnos vivir bajo su reglamento justo.

El Amor mira hacia el Cielo

El amor bíblico siempre voltea hacia el cielo. Con esto quiero decir que no sólo tiene el “ahora” en mente. Esto se manifiesta en al menos dos formas.

En primer lugar, los cristianos aman y se animan mutualmente al recordarse su condición inalterable en Cristo y señalándose uno al otro a la cruz, a la tumba vacía y al regreso prometido de Jesús. Esto es a lo que se parece el “mismo amor” y la “misma mente” de Pablo.

En segundo lugar, porque la conversión es real y los cristianos realmente son “nuevas creaciones,” cuando la ocasión lo amerita, ellos se exhortan unos a los otros con respecto a la gravedad del pecado y, con la ayuda de Dios, se impulsan unos a otros hacia la santidad.24 Por esta razón es casi siempre desde un lugar de amor—no de juicio ni de curiosidad—cuando un hermano o hermana en Cristo me enfrenta con respecto a mi pecado (aunque a veces llevar a cabo tales conversaciones puede dejar mucho que desear). Aunque puede herir mi orgullo, enfurecer mi obsesión personal y tentar una respuesta argumentativa, en el fondo, sé que se trata de un lugar de amor bondadoso, diseñado por Dios para mi bien final.

A menudo, este último se logra mediante una aplicación oportuna del anterior porque ninguna amonestación no redactada en las realidades del Evangelio es un paso hacia el moralismo. El Pastor escocés del siglo XIX Robert Murray McCheyne tenía razón al decir: “Por cada mirada que te des a ti mismo, mira diez veces a Cristo.”25

Esta es una danza difícil, especialmente cuando se aplica a una relación cristiana con los no cristianos—o con aquellos que dicen ser cristianos pero, según todos los testigos, parecen engañarse a sí mismos.26 En esas situaciones, el amor sigue volteando hacia el cielo, sólo de diferente manera.

Los cristianos aman a los no cristianos con amor “dirigido hacia el cielo” encomendando el Evangelio y sostenido a Cristo, reconociendo al mismo tiempo que es Dios quien cambia la disposición del corazón.27 Por ejemplo, si un no cristiano fuera a leer este artículo, espero que lo encuentren tanto franco como atractivo al igual que desconcertante y confrontante.

En Charcos y Océanos

El amor es amor; el Presidente de los Estados Unidos y el mundo tienen eso más que correcto. Pero la Biblia nos dice que también es mucho más.

En primer lugar, la Biblia nos habla del origen del amor—que en realidad está fijado fuera de nosotros mismos, hacia el propio carácter y naturaleza del Dios trino. En segundo lugar, la Biblia nos muestra el amor de Dios en el sacrificio de Cristo: un amor que es tanto lleno de gracia porque es contra-condicional, como autoritario porque nos cambia, otorgándonos las mismas cosas que requiere a través del Espíritu Santo. En tercer lugar, la definición de amor de la Biblia cambia la forma en la que amamos a otros—tanto creyentes como no creyentes.

Como cristianos, entendemos que estamos parados sobre millas de la misma tierra; de hecho, es nuestro estatus igual en Cristo el que nos permite amarnos unos a otros tanto relatándonos el Evangelio y, si es necesario, corregirnos mutuamente cuando nos hemos sumido en el pecado. Del mismo modo, la Biblia también nos exhorta a amar a los no cristianos con un amor dirigido hacia el cielo, no por conceder la verdad con el fin de ganar el favor, sino por adornar el evangelio a través de nuestra sumisión diaria al Señorío de Cristo.

La Biblia dice mucho sobre el amor, pero sobre todo, levanta nuestras expectativas y subvierte nuestros paradigmas. Apunta a un océano mientras el mundo permanece ocupado jugando en un charco.


  1. Este tuit vino de la cuenta oficial de Twitter del Presidente Obama (https://twitter.com/BarackObama) y, aunque no fue firmado por su apodo personal "bo," uno puede estar seguro que refleja sus opiniones.
  2. La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional © 1999, 2 Timoteo 3:16–17.
  3. Jesús a menudo predecía su propia muerte. Para ver un ejemplo, véase Juan 10:18.
  4. La Santa Biblia, Juan 17:5.
  5. El “ellos” aquí se refiere a “aquellos que creerán en mí a través de mensaje de [los discípulos]” (Juan 17:20).
  6. Ibid., Juan 17:24.
  7. Por supuesto, el ámbito de este artículo no es responder a la pregunta naturalmente elevada, “¿por qué, entonces, fuimos creados en absoluto?” Sin embargo, esta es una pregunta admirable, y un gran tratamiento de ello puede encontrarse en el libro de de Michael Reeves “Delighting in the Trinity,” específicamente en el capítulo 2, “Creation: The Father’s Love Overflows.”
  8. La Santa Biblia, 1 Juan 4:8.
  9. Tomo a préstamo la imagen de un búmeran de Jonathan Leeman The Church and the Surprising Offense of God’s Love: Reintroducing the Doctrines of Church Membership and Discipline (Wheaton, IL: Crossway, 2010) 107–114. En particular, señalo sus dos primeros capítulos, que dicen mucho de lo que estoy tratando de comunicar aquí—sólo que mejor.
  10. Ibid., Juan 15:13.
  11. Ibid., Juan 18:15–18, 25–27.
  12. Ibid., Juan 20:19.
  13. Ibid., Romanos 5:8.
  14. Ibid., Juan 3:16.
  15. Trip Lee, “One Sixteen,” presentando a KB y Andy Mineo, The Good Life, Reach Records, 2012.
  16. Ibid., Efesios 2:8.
  17. Ibid., Juan 13:35.
  18. Ibid., Filipenses 2:2–11.
  19. Ibid., Juan 15:13–14.
  20. Ibid., Hebreos 12:2.
  21. Ibid., Romanos 6:1–2, 22–23.
  22. Ibid., Hebreos 11:6.
  23. Lo siguiente no pretende emitir una expectativa poco realista en cuanto a qué tan “santos” serán los cristianos después de su conversión. La lucha contra el pecado permanece presente e inevitable hasta la muerte. (Véase el siguiente capítulo en Romanos, el capítulo 7, para la representación de Pablo de esto). Pero aquí es donde entra el Espíritu Santo. La tercera persona de la Trinidad literalmente habita en el creyente, condena del pecado y les lleva a la verdad (Romanos 8, Juan 14:15–31, 16:8, 13).
  24. La Santa Biblia, 2 Corintios 5:17.
  25. Robert Murray McCheyne, Memoir and Remains of the Rev. Robert Murray McCheyne (Edinburgh, 1894), 293. Extraído de Tony Reinke, “The Purifying Power of Delight in Christ,” http://www.desiringgod.org/blog/posts/the-purifying-power-of-delight-in-christ.
  26. Para el precedente bíblico del autoengaño, véase Mateo 7:21–23.
  27. La Santa Biblia, 1 Corintios 3:5–7, Salmos 51.
  28. Crédito de Foto: Andreka / Shutterstock.com.
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