Todos Tenemos Preguntas
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Todos Tenemos Preguntas

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Todos tienen preguntas. Empieza buscando respuestas aquí.

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas. La curiosidad tiene su propia razón de existir.Albert Einstein

Todo el mundo tiene preguntas. ¿Quién soy? ¿Existe Dios? ¿Qué sucederá cuando muera? Parece que estamos hechos para preguntar. Y justo cuando pensamos que lo tenemos todo resuelto — justo cuando pensamos que estamos a salvo de todas estas dudas molestas — algo dentro de nosotros clama por más respuestas a más preguntas.

Nuestras Preguntas y la Ciencia

Es en momentos como estos cuando buscamos refugio, escondiéndonos detrás de las cifras y las estadísticas y los estudios -los hechos, como los llamamos. Pero las preguntas nos persiguen, negándose a que descansemos en un mundo cerrado donde todo puede pesarse, calcularse y evaluarse.

Después de que los geólogos y los botánicos ya nos han dicho de qué está hecho nuestro mundo y los químicos y los biólogos ya nos han dicho de qué estamos hechos nosotros, las grandes preguntas persiten y nos acechan. ¿Por qué el mundo está aquí? ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué tenemos la capacidad de percibir y entender el mundo de una manera en que el mundo no puede entendernos ni percibirnos a nosotros? 

La ciencia es una herramienta maravillosa para medir el mundo físico y para predecir lo que ese mundo va a hacer, pero sólo puede llevarnos hasta un punto. Si tenemos una mente diferente a nuestro cerebro y un alma distinta a nuestro cuerpo, entonces tendremos que buscar su conocimiento en otro lugar. Las preguntas que simplemente no van a desaparecer son aquellas que se encuentran fuera del ámbito de la ciencia, que demandan respuestas sobrenaturales y metafísicas.

Nuestra Conciencia

Un buen lugar para comenzar es mediante el estudio de nuestra propia conciencia. Esa parte de nosotros que nos dicta qué debemos hacer y cómo debemos comportarnos parece estar fuera del mundo natural de la supervivencia darwiniana de los más aptos. De hecho, esa voz interior que nos dice que es un error utilizar y manipular a los demás para nuestro propio beneficio no puede ser en sí misma un producto de la selección natural, ya que la selección natural nos impulsa a hacer lo que sea necesario para preservar el material genético.

Nuestra conciencia nos dice dos cosas universales acerca de la condición humana: que debemos comportarnos de cierta manera. Pero no lo hacemos.

Es debido a la disonancia de entre lo que debemos hacer y lo que realmente hacemos que sentimos culpa. Al igual que el dolor es una señal de que algo en nuestro cuerpo se rompe, así la culpa es una señal de que nuestra alma está fuera de lugar. No fuera de lugar en el mundo natural, pues el mundo natural no sabe nada de “deberes”, pero respecto de algún tipo de origen sobrenatural que imbuye nuestra alma con un propósito.

Un Creador Divino

Tales reflexiones inevitablemente nos llevan hacia la idea de una especie de creador divino, un creador al cual muchos llaman Dios, con quien alguna vez estuvimos en comunión, pero que ya no lo estamos. Pero si esa brecha entre el creador y la criatura existe principalmente en el alma, en esa parte de nosotros que está fuera de la naturaleza, entonces debemos recurrir a una fuente diferente de la ciencia en busca de respuestas. Por otra parte, si somos nosotros quienes nos hemos desprendido de Dios, entonces es Dios quien debe iniciar el diálogo que nos proporcionará las respuestas.

Pero, ¿cómo puede un Dios que habita fuera del tiempo y el espacio físico, comunicarse con nosotros? ¿Cómo puede revelarse a nosotros? Él puede hacerlo hasta cierto punto a través del poder y la majestad de la naturaleza, pero estos mensajes son—y deben ser—generales y carentes de intimidad.

Si vamos a entender lo que debemos hacer para restaurar esa comunión rota, de la cual nuestra culpa es un recordatorio constante, entonces, Dios tiene que hablarnos con palabras humanas. A lo largo de la historia, la gente ha creído que Dios ha revelado su voluntad a través de los profetas inspirados que dicen sus palabras y las escriben en los libros sagrados: la Biblia, el Corán, el Gita, etcétera.

Si queremos encontrar respuestas a nuestras preguntas más profundas, debemos seleccionar y sopesar esos libros para ver si sus mensajes son coherentes y fundados en la realidad. ¿Tenemos buenas razones para confiar en la sinceridad y la autoridad de quienes escribieron las palabras de la revelación? ¿Pueden cotejarse sus afirmaciones con lo que sabemos de la historia? ¿Esas palabras tienen el poder de transformar vidas?

Porque si ellos son la Palabra de Dios, entonces, serán una puerta para regresarnos a una relación correcta con aquel que nos creó. Ellos nos guiarán en nuestro camino para conocer a Dios. Hasta que empezamos esa búsqueda de una manera honesta y abierta, las preguntas que están más allá de la ciencia seguirán burlándose y persiguiéndonos.

Así que bienvenidos. Ponte cómodo y echa un vistazo a tu alrededor. Explora Dios. 

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