¿Jesús es Dios?
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¿Jesús es Dios?

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¿Jesús estaba simplemente loco? ¿O podría ser que Jesús realmente era Dios?

De acuerdo con estudios recientes, la mayoría de la población del mundo cree en Dios o en una deidad universal.1 Naturalmente, la gente describe a Dios de maneras muy distintas: deidad personal, divinidad trascendente, poder superior o espíritu universal. Como sea, creemos que algo o alguien está por sobre la humanidad y el universo como lo conocemos. Entonces, cuando una persona en particular profesa ser Dios, es una gran cosa. Y Jesús — el maestro judío que vivió en el primer siglo CE — hizo precisamente eso.

Hay razones más que suficientes para creer que Jesús no era y no es verdaderamente Dios. Para los principiantes, es difícil imaginar a cualquier ser humano encarnando verdaderamente a Dios. ¿Cómo se vería eso? ¿Cómo es que Dios se convierte en una persona? ¿Acaso este Dios-persona va y viene entre espíritu y ser humano? ¿Puede este Dios-persona enfermarse y morir como un humano? Eso no sería muy digno de Dios.

Además, ¿acaso el cristianismo no cree en un solo y verdadero Dios? ¿Entonces cómo Jesús podría ser Dios? ¿Acaso esto tiene algo que ver con la Trinidad? ¿Y para empezar por qué Dios se iba a convertir en una persona?

Estas son fuertes preguntas. Pero, supongamos por un minuto que Dios puede hacerse humano. Después de todo, él es Dios.2 Si puede crear el universo, ciertamente puede entrar en él. Si se convirtió en un humano, ¿cómo actuaría? ¿Qué haría? ¿Qué diría? Y las cosas que Jesús dijo e hizo, ¿acaso son el tipo de cosas que nosotros esperaríamos de Dios?

¿Jesús es Dios? Miles de millones de personas así lo creen. Y ciertamente su vida alteró el curso de la historia humana. Exploremos la posibilidad.

Personalidad de Jesús

Lo primero que hay que tomar en cuenta es la personalidad. ¿Cómo era Jesús? De las páginas que dan cuenta de su vida sobresalen dos características: autodisciplina y compasión.

Jesús demostró una tremenda autodisciplina con miras al logro de su tarea, haciendo esfuerzos para no distraerse por este mundo. Rehuyó las multitudes para pasar tiempo orando a solas, se negó a ser coronado rey por seguidores entusiastas pero desorientados, y guardó silencio delante de sus intrigantes acusadores. Su compasión quedó ejemplificada en su actitud amable hacia los marginados; su asociación con samaritanos, gentiles y romanos, todos ellos despreciados por los judíos; su opción por los pobres y los impuros desde la perspectiva de los rituales; y su perdón para aquellos que lo ejecutaron.3 

Pero si bien estas son cualidades admirables, todavía no demuestran nada.

Milagros de Jesús

La Biblia da cuenta de que Jesús realizó muchos milagros asombrosos, que se describen como “signos a través de los cuales reveló su gloria”.4 Jesús sanó personas física y psicológicamente, convirtió agua en vino, apaciguó tormentas intensas, multiplicó alimentos, caminó sobre el agua e incluso resucitó a personas que habían fallecido.5 Pero su mayor milagro fue su propia resurrección.6

Los seguidores de Jesús afirmaron literalmente haber visto a Jesús de regreso de entre los muertos. Siempre es posible que estuvieran alucinando o que todo fuera un fraude. Pero todavía nos queda la pregunta de por qué entonces la tumba de Jesús estaba vacía. ¿Qué pasó con el cuerpo de Jesús y por qué nunca ha sido encontrado?

Si la muerte y resurrección de Jesús fue una conspiración armada por sus discípulos, ¿por qué los cuatro recuentos de la resurrección en la Biblia tienen incongruencias aparentes? Mateo, Marcos, Lucas y Juan se habrían asegurado de uniformar sus historias. ¿Y por qué muestran a las mujeres como los primeros testigos de la resurrección de Jesús? En el mundo antiguo, las mujeres no eran consideradas como testigos creíbles. Nadie que estuviera inventando esta historia habría pasado por alto ese detalle.

Naturalmente, nadie puede probar que la resurrección o alguno de los milagros de Jesús verdaderamente sucedieron, pero la evidencia es apremiante y vale la pena considerarla.

Afirmaciones de Jesús

No obstante, lo más provocador es el hecho de que Jesús en realidad afirmó ser Dios. Por ejemplo, Jesús usó los siguientes títulos para describirse: Hijo de Dios, Mesías, Señor e Hijo del Hombre, todas designaciones con implicancias divinas en la cultura judía.7

Él también hizo declaraciones explícitas acerca de su divinidad. De hecho, Jesús difícilmente podría haber sido más directo: “Yo y el Padre somos uno.” dijo.8 “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”9

Consideremos algunas otras acciones radicales. Jesús aceptó adoración, oración y fe de sus seguidores. Jesús perdonó pecados cometidos contra Dios, una capacidad tradicionalmente reservada solo a Dios. Mientras los profetas del Antiguo Testamento asentaron su autoridad en Dios—“Así dice el Señor”—, Jesús a menudo sienta su autoridad en sí mismo: “En verdad les digo.” Y Jesús afirmó que la respuesta de una persona al mismo Jesús determinaba el destino eterno de esa persona.10

No es de sorprenderse que Jesús provocara tal alboroto, uno suficientemente grande como para que tú y yo sigamos hablando de él casi dos mil años más tarde.

Un Maestro de gran Moral

Mucha gente sugiere que Jesús simplemente era un maestro de gran moral, y en verdad la personalidad, las enseñanzas y las buenas obras de Jesús dan sustento a eso. Pero ningún maestro de gran moral (por ejemplo, Buda, Mahoma o Gandhi) profesó ser Dios.

El autor C. S. Lewis resume nuestro desafío:

Aquí estoy tratando de impedir que alguien diga la locura que la gente dice a menudo sobre él: “Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un maestro de gran moral, pero no acepto su afirmación de que es Dios”. Eso es algo que no debemos decir. Un hombre que hubiese sido simplemente un hombre y hubiese dicho el tipo de cosas que Jesús dijo no sería un maestro de gran moral. Habría sido un lunático — del nivel del hombre que dice que es un huevo hervido — o bien habría sido el diablo del infierno. Tú debes hacer tu propia elección. O bien este hombre fue, y es, el Hijo de Dios, o entonces es un loco o algo peor. Tú podrías tacharlo de loco, puedes escupirlo y matarlo como un demonio o puedes caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios, pero no vengamos con la tontera condescendiente de que es un gran maestro humano. Él no nos dejó esa opción abierta.11

Entonces, ¿qué opinas? ¿Lunático, demonio o Dios?


  1. Solo en el diverso panorama de los Estados Unidos, el 92 por ciento de los adultos dice creer en Dios o en un espíritu universal. Solo el 5 por ciento dijo explícitamente "No creo en Dios"; el 3 por ciento restante respondió "No sé/otro". Incluso entre aquellos que no se adhieren a ningún grupo religioso en particular, el 70 por ciento respondió que cree en Dios o en un espíritu universal. Ver Pew Research Center,U.S. Religious Landscape Survey, Religious Beliefs and Practices: Diverse and Politically Relevant", junio de 2008, http://religions.pewforum.org/reports#
  2. La mayoría de la gente se refiere a Dios con pronombres masculinos (es decir, “él” y “de él”), no porque piensen que Dios es varón, sino porque creen que Dios tiene una mentalidad o personalidad en cierto sentido. El idioma inglés no tiene pronombres personales neutros (además del impersonal “it”), así que de acuerdo con el uso tradicional “he” y “him” tendrían que bastar.
  3. Para ejemplos de cada una de estas características, ver La Santa Biblia, Lucas 5:15–16, Juan 6:15, Marcos 14:60–61, Lucas 19:1–9, Juan 4:4–42, Mateo 15:21–28, Lucas 7:1–10, Marcos 1:40–45, y Lucas 23:33–34.
  4. La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional © 2011, Juan 2:11.
  5. Para ejemplos, ver Marcos 7:31–37, Marcos 1:21–28, Juan 2:1–11, Marcos 4:35–41, Mateo 14:13–33, y Juan 7:11–17.
  6. Los cuatro evangelios dan cuenta de la resurrección. Tal vez en recuento más impactante y realista sea Marcos 16:1–8.
  7. Para ejemplos, ver Juan 5:16–27, Mateo 7:21–23, y Marcos 14:61–62.
  8. La Santa Biblia, Juan 10:30.
  9. Ibid, Juan 14:9.
  10. Para ejemplos de estas acciones y declaraciones, ver Lucas 24:52, Juan 16:23, Juan 14:1, Marcos 2:5–10, Mateo 5:21–22, y Mateo 25:31–46.
  11. C.S. Lewis, Mere Christianity: A Revised and Amplified Edition (Nueva York: HarperCollins, 2001), 52.
  12. Crédito de Foto: nito / Shutterstock.com.
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