El Apocalipsis y el Final de los Tiempos

El Apocalipsis y el Final de los Tiempos

El Apocalipsis y el Final de los Tiempos

Escrito por el Apóstol Juan, El Apocalipsis es tanto fascinante y como aterrador.

El Apocalipsis es sin duda el libro más extraño en la Biblia.1 Es también el más oscuro, lleno de terremotos, plagas, dragones, sangre, violencia y guerra. Es dado por hecho que los cineastas aman las imágenes. Pero la mayoría de nosotros, o estamos asustados del libro, o lo descartamos como un producto de la imaginación de alguien.

Considera lo que Thomas Jefferson le escribió a un amigo sobre el Apocalipsis: “hace entre cincuenta y sesenta años que lo leí, y luego lo consideré meramente como los desvaríos de un maniático, nada más digno ni apto de explicación que las incoherencias de nuestras propias pesadillas. . . . Lo que no tiene significado admite ninguna explicación.”2

Pero, ¿qué pasa si hay una buena explicación para el libro? ¿Y si realmente tiene significado para nosotros hoy en día?                                              

Un Camino de Enfrentamiento

En el primer siglo E.C., el Imperio Romano se retrató a sí mismo como el gobernante divino sobre la tierra. Defendió su control económico y político sobre sus temas en términos espirituales. La religión del Imperio implicó no sólo un homenaje a los dioses romanos, pero también culto a los emperadores romanos como seres divinos. Esta práctica comenzó con César Augusto (63 A.C. – 14 CE). Considera esta inscripción de 9 A.C.:

La Providencia que ha ordenado la totalidad de nuestra vida, mostrando preocupación y celo, ha ordenado la consumación más perfecta para la vida humana al otorgársela a Augusto, llenándolo con virtud para hacer el trabajo de un benefactor entre los hombres y enviando en él, como si fuera un salvador para nosotros y para aquellos que vienen detrás de nosotros, para hacer cesar la guerra, para crear orden de todas partes . . . el cumpleaños del Dios [Augusto] fue el comienzo para el mundo del evangelio que ha llegado a los hombres a través de él.3

Por la época del emperador Domiciano (81-96 CE), el Evangelio de la Pax Romana—paz romana—estaba bien establecida en toda la región mediterránea.4 Roma y el emperador se situaron en el centro del universo sagrado mientras todas las demás ciudades del imperio competían por el favor del emperador. Orquestaban elaborados rituales cívicos, construyeron lujosos templos paganos, proclamaron la divinidad del emperador y generaron un culto de adoración del emperador.

Cualquier resistencia a este culto ponía en peligro las esperanzas de una ciudad por el favor imperial; cualquier negativa a reconocer al César como Dios ponía las vidas de los ciudadanos en peligro. Pero los primeros seguidores de Jesús reconocían a un señor y salvador diferente, un evangelio diferente, un Dios diferente. Como tal, su fe, adoración y lealtad los estableció en un camino de enfrentamiento con los dirigentes romanos y la sociedad en la que vivían.5 

Un Pastor

Uno de estos primeros cristianos era el apóstol Juan. Avanzado en años en ese tiempo, Juan fue probablemente el último sobreviviente de los doce discípulos que habían andado con Jesús. Juan había escrito su propio relato evangélico de la vida de Jesús y pasó sus últimos años viajando a las ciudades de Asia menor, alentando a pequeños grupos de cristianos en cada lugar. En cierto sentido, Juan era su pastor.

A medida que crecía la hostilidad hacia los cristianos, es probable que haya sido arrestado y enviado al exilio en Patmos, una pequeña isla en el mar Egeo. Dijo que ahí recibió una visión de Dios en la cual vio que el creciente culto del emperador romano pronto se convertiría en mortal para los seguidores de Jesús. Juan creía que necesitaba compartir esta visión con sus iglesias para advertirles sobre la persecución que venía a desafiarlos a no comprometer sus convicciones y los animó a “ser fieles, incluso hasta el punto de la muerte.”6

Juan quería hacerles saber que el único Dios verdadero, no cualquier emperador romano, reina desde el cielo y está en control de los acontecimientos de la historia humana.

Un Poeta

Como pastor, Juan escribió esta visión en algunos 95 CE y la envió como una carta para ser leída en voz alta en las iglesias de Asia menor.7 Pero Juan era también un poeta.8 Él comunicó la visión que vio a través de la forma reconocible de la literatura apocalíptica. De hecho, comenzó su carta llamándolo un apokalypsis, que es griego para “descubrimiento,” “manifestación” o “revelación”—de ahí el título de “Apocalipsis” en español.

Aunque ahora es desconocido y un poco extraño para nosotros, este género fue un estilo literario conocido en los días de Juan.9 En la literatura apocalíptica, un visitante del cielo—en ocasiones un ser angelical—revela los secretos del mundo invisible a través de símbolos vivos. Este visitante típicamente toma al destinatario de la visión en un viaje por el cielo, revisando eventos pasados y acontecimientos futuros con el fin de explicar el conflicto presente entre el bien y el mal y animar a los fieles a perseverar. En el caso del Apocalipsis, la carta de Juan describe los desafíos intensos que enfrentan sus iglesias con el imperio romano a través de un lente cósmico, de otro mundo.

Después de una breve introducción y comentarios específicos a siete iglesias, la descripción de la visión de Juan es audaz, vívida y aterradora al mismo tiempo. Representa a personas y seres angelicales y de cada nación adorando a Dios y Jesús en un trono en el cielo.10 Después, en la sección más larga de su carta, Juan registra cómo Jesús empezó a ejecutar el juicio de Dios contra sus enemigos—utilizando las metáforas de los sellos, las trompetas y los tazones—mientras protegía a aquellos que pertenecían a él. El libro concluye con el triunfo de Jesús sobre el mal y una visión final de un nuevo cielo y tierra—la victoria definitiva de Dios sobre el pecado, el quebrantamiento y la muerte.

Mientras que las escenas en el libro son raras e inquietantes al principio, se puede explorar el significado de muchas de ellas a la luz de las circunstancias e imágenes de Juan encontradas en otras partes de la Biblia. El número doce, por ejemplo, describe al pueblo de Dios (puesto que había doce tribus de Israel y doce apóstoles de Jesús).11  Cuando Juan escribe acerca de una mujer “emborrachada con la sangre de los santos” y sentada en las “siete colinas,” es casi seguro identificarla como Roma, conocida como la ciudad de las siete colinas.12  De esta manera, Juan habla directamente de la situación a su audiencia.

Un Profeta

Por supuesto, el aspecto más intrigante de la carta de Juan es la forma en la que parece indicar el plan cósmico de Dios para el futuro. Juan no es sólo un pastor y poeta; es un profeta. Los mensajes de juicio y esperanza eran no sólo para la generación de Juan, sino también para futuras generaciones como la nuestra.

Muchos cristianos creen que las visiones y profecías del Apocalipsis siguen sin ser cumplidas. Ellos creen que el libro de Apocalipsis proporciona pistas para cuándo Cristo vuelva y establezca su reino en la tierra por un tiempo. Entonces Dios iniciará un “cielo nuevo y una tierra nueva” para siempre.13

Sin embargo, deberíamos ser cautelosos cuando intentamos resolver los misterios del libro del Apocalipsis. El libro es en efecto un océano profundo y complicado de simbolismo y literalismo. Rigidez en la interpretación puede ser peligrosa, efectivamente dividiendo a la comunidad cristiana, en lugar de unirla en la fe.

Un Nuevo Comienzo

Lo que sea que uno vea, definitivamente parece que el libro del Apocalipsis funciona como la conclusión apropiada para el drama entero de la Biblia. La visión final de Juan cierra la historia completa en un círculo. Y al final es un nuevo comienzo: “El que estaba sentado en el trono dijo: ‘¡Yo hago nuevas todas las cosas!’”14

En última instancia, el Apocalipsis ofrece esperanza; promete que Dios “les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor.”15 Pero hasta ese momento, Juan sugiere que nos enfrentamos a las dificultades y la hostilidad de nuestro mundo con “perseverancia,” poniendo nuestra fe en Dios y confiando en sus caminos.16 Visto de esta manera, el libro del Apocalipsis puede ser beneficioso para las personas de fe de hoy en día.

 

  1. En inglés, el título del libro es singular y no plural, como se dice a menudo erróneamente.
  2. Thomas Jefferson a Alexander Smyth, 17 de enero de 1825. Véase Henry Augustine Washington, ed., The Writings of Thomas Jefferson: Volume 7 (Nueva York: Derby and Jackson, 1859), 395.
  3. N. T. Wright, What Saint Paul Really Said: Was Paul of Tarsus the Real Founder of Christianity? (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1997), 43. 
  4. La adoración al emperador se había convertido en estándar por el reino de Dominicio. Véase Gordon Franz, “The King and I: The Apostle John and Emperor Domitian, Part 1,” 18 de enero de 2010, http://www.biblearchaeology.org/post/2010/01/18/the-king-and-i-the-apostle-john-and-emperor-domitian-part-1.aspx.
  5. Véase la introducción al libro del Apocalipsis en Starting Point Bible (Colorado Springs: International Bible Society, 2007), 1244–1246. Algunas ideas claves en este artículo fueron tomadas de esa útil introducción.
  6. La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional (NVI) © 1999, Apocalipsis 2:10.
  7. Para una explicación completa de las cuestiones con respecto a la autoría y citas del libro de Apocalipsis, véase Grant R. Osborne, Revelation (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2002).
  8. Un libro muy útil que describe el poder de la imaginación en el libro de Apocalipsis es en el de Eugene Peterson, Reversed Thunder: The Revelation of John and the Praying Imagination (Nueva York: HarperCollins, 1988).
  9. Para grandes ejemplos de la antigua literatura apocalíptica, véase Mitchell G. Reddish, ed., Apocalyptic Literature: A Reader (Peabody, MA: Hendrickson, 1995).
  10. Véase La Santa Biblia, Apocalipsis 4–5.
  11. Véase, por ejemplo, La Santa Biblia, Apocalipsis 21.
  12. La Santa Biblia, Apocalipsis 17:3–10.
  13. Ibid., Apocalipsis 21:1.
  14. Ibid., Apocalipsis 21:5.
  15. Ibid., Apocalipsis 21:4.
  16. Ibid., Apocalipsis 14:12.
  17. Crédito de Foto: Cosma Andrei / Stocksy.com.