Cómo Vencer la Tentación

Cómo Vencer la Tentación

Cómo Vencer la Tentación

Todos queremos hacer cosas que sabemos que no debemos hacer. A menudo, el pecado parece tan divertido y emocionante. ¿Cómo debemos lidiar con la tentación sin ceder a ella?

Si el pecado no pareciera emocionante, divertido y sexy, la tentación no sería un problema. Sin embargo, el pecado frecuentemente parece tan terriblemente atractivo para nosotros que naturalmente luchamos contra la tentación. Al reconocer y hacer consciente esta (a veces considerable) lucha, podemos despojar a la tentación de su poder sobre nosotros.

Reconoce a tu Enemigo

El reconocimiento de un mal personal—a quien se conoce dentro del cristianismo como Satanás o el diablo—es el primer paso para lidiar con la tentación. Si perteneces a Dios, sus enemigos se han convertido en tus enemigos; reconoce que el enemigo de Dios, el diablo, está en contra de ti, también.

Satanás nos tienta con aquellas cosas que son contrarias a Dios: el orgullo; un corazón implacable; el egoísmo; los placeres mundanos fugaces (en lugar de los duraderos, eternos); la impureza. Y la lista sigue y sigue.

Nuestra lucha contra la tentación, escribe el apóstol Pablo, “no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.”1

Si te sientes tentado, reconoce a tu enemigo. Dios no tienta a sus hijos, pero Satanás lo hace con regularidad. Desafía al enemigo; dile que sabes lo que está haciendo y que conoces su juego.

La Diferencia entre Tentación y Pecado

Tentación no es pecado. Tentación es una exhortación para entrar en acción de un enemigo que pretende atraerte hacia el pecado. La tentación es el primer dominó en una reacción en cadena que, si pone en marcha, puede conducir al pecado. Pero ese primer dominó no necesita caer.

El segundo paso en cuanto a lidiar con la tentación es verlo por lo que es: un llamado al pecado. Satanás puede persuadir, pero no puede ordenar—y Dios está siempre dispuesto a ayudarte a resistir.2

Para que cualquier tentación tenga éxito, debe encontrar un “huésped” dispuesto para su objetivo. A ti no se te puede forzar a cumplirlo. Este llamado al pecado ha sido comparado con una simple nota tocada en un piano abierto. Esa nota (si es tocada en sintonía) hará que la cuerda del piano del mismo tono vibre; una reconoce a la otra y responde.

Cuando eres tentado a pecar, trata de identificar en ti mismo la necesidad o la vulnerabilidad a la que estás siendo llamado: ¿Estás cansado? ¿Solo? ¿Frustrado? ¿Celoso? ¿Enojado? Pregúntate: “¿De qué me estoy escondiendo? ¿A qué estoy reaccionando? ¿Qué estoy anhelando? ¿Qué estoy exigiendo?”  Después piensa, ¿Acaso respondiendo a esta tentación cumpliré esa vulnerabilidad en una forma en la que me ayude, aliente a otros y honre a Dios?

En vez de asumir que el pecado es el resultado inevitable de cualquier tentación, date tiempo para reconocer la tentación como la obra de un enemigo. Examina tu corazón de cualquier vulnerabilidad que pudiera responder a su llamado. Imagina la tentación como la mano extendida de un enemigo que desea empujarte hacia el pecado—y entonces niégate a tomarla.

Habla con Dios

Lo que es secreto aviva la tentación. Cuando seas tentado, habla con Dios con honestidad acerca de tu lucha. No hace bien pretender que no estás siendo tentado o negar la atracción del pecado.

Más bien, dile a Dios la verdad sobre lo que está pasando. No se requieren palabras especiales. Podría ser tan simple como esto: “Dios mío, estoy siendo tentado a arremeter contra mi amigo. Quiero lastimarlo(a) porque siento que me faltó al respeto y me tomó por sentado. Sé perfectamente bien qué decir que lo perjudicará al máximo. Ayúdame a resistir. Dame palabras sanadoras o el poder para mantener mi boca cerrada.”

Pablo nos asegura en la primera de Corintios, “Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir.”3 Dios promete una vía de escape de toda tentación. Pídele que te revele esa vía a ti.

Habla con Otros

Después de hablar con Dios, considera la posibilidad de compartir tu tentación con un compañero, un amigo de confianza o un consejero espiritual que ore por ti y te ayude a responsabilizarte por sus acciones.

No compliques las cosas. Mantenlo simple. En lugar de una larga racionalización acerca de por qué quieres hacer algo que sabes está mal (o incluso cómo podría parecer razonable a los estándares del mundo), sé directo: “Quiero encontrar la manera de salir de esta situación en lugar de decir la verdad.” O, “He estado coqueteando con un(a) compañero(a) casado(a) del trabajo y me siento tentado(a) a ir más lejos.”

Pídele a tu confidente que ore por ti y por la situación. Solicítale que te pregunte más adelante cómo manejaste la tentación que acabas de describir.

Llévalo a su Fin, luego Prepárate

Empresas e instituciones con frecuencia se preparan para eventos peligrosos que pudieran presentar riesgos. Los efectos probables de estos escenarios son “representados” y planes de emergencia son implementados para guiar la reacción de la gente si estos eventos llegaran a producirse. Los líderes se preguntan, “¿Qué pasaría si...? ¿Cómo debemos responder?”

Puedes utilizar este mismo enfoque cuando debas lidiar con la tentación. Santiago escribe acerca de los riesgos de la tentación: “Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.”4

Imagina las consecuencias de decir que sí a una tentación. Pregúntate “¿Qué pasaría si miento en esta solicitud de empleo y fuera descubierto?” O, “¿Qué pasaría si le soy infiel a mi esposo(a) y mi familia se fractura por ello?"

Cuando piensas en las consecuencias de renunciar a la tentación, te darás cuenta que el precio del pecado siempre es demasiado alto. Algo o alguien siempre sufre. En vez de hacer un plan para ocultar el pecado o lidiar con sus consecuencias después de los hechos, planea maneras de luchar contra la tentación en sí misma.

Combate el Fuego con Fuego

El autor Mark Galli escribe, “Todos los pecados son en cierto sentido un intento para llenar un anhelo genuino y justo, pero que de alguna manera es inapropiado.”5 En lugar de negar la apelación del pecado, podemos afirmar la bondad de Dios y confesar nuestro deseo por los dones que sólo él puede dar.

Cuando Jesús, el hijo de Dios, fue tentado por Satanás, confió en las palabras de Dios para obtener fuerza. Una y otra vez Jesús respondió a las invitaciones de Satanás al pecado diciendo: “Está escrito...” y luego citó las órdenes o promesas de Dios.6

De la misma manera, nosotros podemos “predicar el Evangelio” a nosotros mismos confesando nuestras debilidades y reclamando el poder de Cristo. El pastor y autor Tim Keller escribe, “El Evangelio dice que los humildes están dentro y los soberbios están fuera. El Evangelio dice que las personas que saben que no están mejor, que no tienen la mente más abierta, que no son más morales que otros, están dentro, y las personas que creen que están en el lado correcto de la división están más en peligro.”7

Podemos recordarnos a nosotros mismos que en Jesucristo somos nuevas creaciones, que “¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”8 Podemos dar gracias que Cristo murió por nuestros pecados para que no nos convirtiéramos en esclavo de ellos.9

Cuando venga la tentación al pecado otra vez—y vendrá—podremos enfrentarlo con la confianza de que ya nos han dado todo lo que necesitamos para resistir al enemigo. Y lo más importante—podemos celebrar el hecho de que la verdadera alegría reside en la presencia de Dios y los placeres eternos que él nos ofrece.10

  1. La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional (NVI) © 1999, Efesios 6:12.
  2. Véase La Santa Biblia, Efesios 6:10–11.
  3. La Santa Biblia, 1 Corintios 10:13.
  4. Ibid., Santiago 1:15.
  5. Mark Galli, Jesus Mean and Wild (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2006), 105.
  6. Véase La Santa Biblia, Mateo 4:1–11.
  7. Tim Keller, Jesus the King: Understanding the Life and Death of the Son of God (Nueva York: Riverhead Books, 2011), 50.
  8. La Santa Biblia, 2 Corintios 5:17.
  9. Ibid., Romanos 5:8.
  10. Ibid., Salmos 16:11.
  11. Crédito de Foto: Claudia Lommel / Stocksy.com.