Una Mirada más Profunda a: Puede una Ciudad Ser Transformada

Una Mirada más Profunda a: Puede una Ciudad Ser Transformada

Una Mirada más Profunda a: Puede una Ciudad Ser Transformada

¿Tiene Dios el poder para cambiar la cultura de una ciudad entera?

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Mahoma no era diferente de los otros jóvenes de su pueblo etíope. Era musulmán, pobre, ignorante y vivía en una choza pequeña. Cuando un equipo deportivo de amigos vino a su aldea, se encontraron con algo más que los jóvenes tenían en común: amor por el fútbol.1 Como era el caso, a menudo, después de jugar unas horas al fútbol, los evangelistas del deporte eran “exhortados” a retirarse por ancianos de la aldea y el imán local, Y como era el caso, a menudo, ellos dejaron atrás a un nuevo creyente; esta vez fue Mahoma.   

Mahoma comenzó a hablar con otros sobre su nueva relación con Dios y acerca del Evangelio de Jesucristo, el cual aprendió a través de un balón de fútbol. No era de sorprenderse que hubo seria resistencia. A su padre le dijeron que Mahoma debía abandonar la aldea. Si no lo hacía, podría ser golpeado y toda su familia podía ser expulsada de su hogar.

Los ancianos de la aldea habían oído hablar de cómo esta buena noticia había llegado a otros pueblos y cómo los habían transformado. Sabían que era poderosa y viral. Cualquier evidencia del Evangelio de Jesús que llegara a su pueblo debía ser erradicada rápidamente. Mahoma tenía que irse.

Pero Mahoma no iba a dejar su pueblo. Se sentó al borde de ella negándose a partir hasta que su familia escuchara las Buenas Noticias. Su padre le llevaba comida y agua por la noche y le rogaba que se alejara. Que partiera a la ciudad, a vivir con parientes—lo que sea con tal de alejarlos a él y a su familia del peligro. Mahoma le dijo a su padre que estaba dispuesto a morir, pero que no se retiraría al menos que les dijera lo que ahora sabía que era verdad. Dijo que Jesús había cambiado su vida.

En la tercera noche, el padre de Mahoma vino a él otra vez. Le dijo a su hijo que la familia tenía que escuchar lo que los evangelistas deportistas habían compartido. Su padre describió un sueño recurrente que había experimentado en los últimos tres días—que él y su familia caían en un hoyo de fuego.

Esa noche Mahoma compartió el Evangelio con su familia, y todos se convirtieron en creyentes. Pronto unos amigos en la aldea se convirtieron en creyentes también. Mientras más empezaban a tener fe, mayor era la persecución. Los creyentes fueron golpeados y expulsados de sus hogares. Pero ya era demasiado tarde. La buena noticia de Jesús se había vuelto viral.

A medida que Mahoma me contaba su historia, escuchaba con asombro. Y la siguiente parte era aún más increíble. Casi todo el pueblo abrazó a Jesús como Señor y comenzó a reunirse en el borde de la aldea. El imán asistió a la reunión apenas unos meses antes de conocer a Mahoma en Etiopía. Le dijo al grupo que cerraría la mezquita y saldría del pueblo. Dijo que él era el último verdadero seguidor del Islam ahí; que podían quedarse con el lugar.

Imagina las Posibilidades

Imagina a Dios haciendo algo grande en tu ciudad—no sólo para individuos sino para grupos de personas, como lo hizo en la aldea de Mahoma. ¿Será posible ver una ciudad reformada por el poder de la buena noticia? ¿Qué pistas, si las hubiera, apoyan la idea de que una ciudad entera puede experimentar el poder transformador del Evangelio?

Imagina las posibilidades. La Biblia contiene numerosos ejemplos de lo que sucede cuando Dios se mueve en una ciudad. Uno de ellos es Nínive, la ciudad más grande del mundo en esa época. El profeta Jonás tenía buenas razones para que no le agradara la gente en la ciudad corrupta y pagana de Nínive—y no lo hacía. Eventualmente, sin embargo (después de mucho esfuerzo), Jonás fue a Nínive a predicar—y fue un gran éxito. “Los ninivitas creyeron en Dios. Se proclamó un ayuno y todos ellos, desde el mayor al menor, se pusieron un cilicio.”2 La manera en la que una ciudad tan corrupta podía cambiar  tan rápidamente es inconmensurable, pero el poder de Dios es imparable. Dios hizo grandes esfuerzos tras un renuente Jonás para movilizarlo para una ciudad.

Un ejemplo convincente del Nuevo Testamento es el breve relato de Pedro curando a un hombre que había estado postrado en cama por ocho años en la ciudad de Lida. Como resultado, las noticias del poder de Dios, una vez más se hicieron virales, y “Todos los que vivían en Lida y en Sarón lo vieron, y se convirtieron al Señor.”3

Como un ejemplo más moderno, había un joven minero en Gales llamado Evan Roberts que había orado por un gran movimiento de Dios desde la infancia. Una tarde en el año 1904, Roberts predicó a un grupo pequeño de jóvenes en su iglesia local, desafiándolos a un nuevo nivel de compromiso con Cristo. Lo que ocurrió poco después en Gales influyó en el mundo:

En dos meses, 70,000 fueron convertidos, 85,000 en cinco meses y más de 100,000 en seis meses. Los jueces fueron presentados con guantes blancos lo que significa que no había caso alguno para ser juzgado. El alcoholismo fue reducido a la mitad. En algunas ocasiones cientos declararían su rendición hacia Cristo como el Señor. La Restitución fue hecha; los jugadores compulsivos y otros que normalmente no eran tocados por el Ministerio de la iglesia vinieron a Cristo.4

 Jack Dennison describió la transformación de la ciudad:

…alcanzar una masa crítica de creyentes que está tan fortalecida por el Evangelio de Cristo, que todo lo que tocan lo cambian—familia, trabajo, escuelas, negocios. A medida que se logra esta masa crítica, el poder del Dios vivo trae cambios significativos en los problemas que plagan nuestras ciudades hoy en día—pobreza, delincuencia, adicciones, pandillas, divorcio, violencia—y un aumento dramático en las cosas que caracterizan el Reino de Dios—misericordia, justicia, prosperidad (especialmente para los pobres) y compasión.5

Dios quiere que la gente y las ciudades se transformen para su gloria. Él ha demostrado esto a lo largo de la historia. Lo qué nos queda por descubrir es cómo nos podemos unir a él en su increíble visión de los lugares a los que nos manda—nuestras propias ciudades, comunidades y regiones.

Las Ciudades son la Solución

Dios siempre se interesa en más de lo que inclusive sus mejores líderes de las ciudades podrían imaginar. Pablo dijo rotundamente que Dios “puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros.”6 Sus mejores líderes poseen un optimismo fideísta para las posibilidades sobrenaturales en las ciudades que aman.

Jaime Lerner, por ejemplo, posee un optimismo acerca de las ciudades que lo ha convertido en un urbanista mundialmente reconocido. Su fama fue establecida como alcalde de Curitiba, Brasil, donde sirvió tres períodos. Declaró una gran verdad cuando dijo, “las ciudades no son el problema; son la solución.” Él acogió a su ciudad natal de Curitiba y se convirtió en el mayor defensor de sus ciudadanos. “Una ciudad es como nuestro retrato de familia,” declaró Lerner, “No rompemos nuestro retrato de familia, aun y si nos desagrada la nariz de nuestro tío, porque este retrato eres tú.”7

¿Cuánta más pasión por su gente y sus problemas deben sentir los líderes que Dios envía a las ciudades? La realización de los líderes locales que Dios invita la iglesia en la ciudad, es crucial para un movimiento transformador. Dios ha puesto líderes en las ciudades para ser defensores de las mismas.

El profeta Jeremías ayudó a los exiliados babilónicos a entender su responsabilidad para mejorar sus ciudades en lugar de simplemente anhelar más condiciones de vida segura y cómoda. A menudo, líderes espirituales en las ciudades secretamente anhelan estar en otro lugar; actúan como exiliados en lugar de defensores. Entre las palabras que Jeremías habló a los descontentos exiliados fueron estas: “busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.”8

La Estrategia para una Ciudad

En nuestras conversaciones del ministerio, a menudo discutimos quien es responsable de un movimiento de Dios que transforma una ciudad. ¿Cuál es la parte de Dios? ¿Cuál es nuestra parte? Tomamos la antigua estrategia del bachillerato de formar equipos de debate, dividiendo la sala en grupos y asignándoles “su lado” de la discusión. Lo que hemos aprendido con los años a través de nuestros numerosos “debates” es que existe una fuerte evidencia bíblica para ambos. A este punto no tenemos más remedio que emplear la sabiduría convencional: Trabajar como si todo dependiera de nosotros. Orar como si todo está en manos de Dios.

Claramente, ambos principios trabajaron en Filippi. Pablo sembró una iglesia en Filippi al penetrar estratos sociales claves en la ciudad. Dios cuidadosamente movió a Pablo y a su equipo a los lugares correctos con la gente correcta.

Pablo se llevó a su joven pupilo, Timoteo y a Silas en un viaje de misiones a lo que pensó que sería Asia. Pero la obra misteriosa y sobrenatural de Dios cambió los planes de Pablo. Lucas informó que “el Espíritu Santo les había impedido [a Pablo y a Timoteo] que predicaran la palabra en la provincia de Asia.”9 Así que Pablo y Timoteo eligieron un plan B. Sin embargo, “cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió.”10 Pablo, Silas y Timoteo estaban dispuestos a ir—esa era su parte—pero el “envío” era sobrenatural—esa era la parte de Dios.

Una ciudad puede ser transformada cuando líderes abrazan la necesidad de la implicación de Dios en el proceso. El Dios que te ha enviado a tu ciudad no deja de enviar una vez que hayas llegado. Tú no puedes averiguar exactamente a dónde ir y qué hacer; el liderazgo de Dios raramente es intuitivo. Tampoco puedes transformar una ciudad simplemente por hacer las cosas “correctas.”

David Garrison explica la necesidad de la participación de Dios en nuestra tarea misionera: “Oramos para que nuestra visión supere nuestras capacidades. La oración es el llanto de rebelión más profundo del alma contra la forma en las que las cosas son, ver la pérdida de este mundo y clamar: ‘Esto no glorifica a Dios, y entonces, por la gracia de Dios, ¡debe cambiar!’”11

La Visión: Una Ciudad Transformada

La base de la misión es la visión para una ciudad transformada. La misión define como los discípulos viven la visión para una ciudad transformada diariamente. La clave de “nuestra parte” de la obra transformadora de Dios en una ciudad está movilizando gente transformada en culturas perdidas y colaborando con otros que hacen lo mismo.

A medida que hacemos y desplegamos discípulos misioneros, objetivos claros son misiones críticas. Debemos considerar el dónde, qué y quién de la misión. Geográficamente, ¿exactamente dónde estamos nosotros asumiendo la responsabilidad de cada hombre, mujer y niño escuchando y viendo las Buenas Noticias? Culturalmente, ¿qué tres cosas necesitan cambiar más en nuestra geografía? Estratégicamente, ¿que son las redes relacionales claves en nuestra geografía? ¿Quiénes son los líderes que ayudarán a movilizar a los discípulos misioneros allí? Los primeros pasos para transformar una ciudad surgen del descubrir las respuestas a estas preguntas.

¿Dónde? Círculo de Responsabilidad (COA, por sus siglas en inglés)

El COA es un enfoque específico que responde a las siguientes preguntas: ¿Dónde estamos movilizando a la gente? ¿Cómo podemos crear la conversación, la cultura, y la convicción en torno a la gente que nos hemos comprometido alcanzar?

En donde hemos visto una transformación exitosa, siempre hay una claridad de geografía que produce una conciencia misionera de quiénes y cuántos están en su círculo. Mahoma, creyente por sólo unas horas, tenía un compromiso profundo con su geografía. Él no podía irse sino hasta que tomara la responsabilidad de compartir las Buenas Noticias con cada hombre, mujer y niño en su pueblo.

Una buena pregunta para un sembrador o pastor de iglesia es: “Si tu ministerio fallara o terminara en tu iglesia, ¿estarías tentado a quedarte en tu ciudad por amor a la gente?” La misma pregunta es válida para tu trabajo de discipulado diario en el mercado. ¿Cuántos líderes tenemos que aman a su ciudad más que a su iglesia? ¿Cuántos líderes tenemos que son más misioneros que pastores? A menudo nuestro compromiso y convicciones están más centradas en nuestras iglesias que la geografía que nos rodea.

Definir una geografía tangible donde nos responsabilicemos de cada hombre, mujer y niño es un paso obligatorio. Un compromiso claro y tangible a una geografía definida es la clave para llegar a las personas que son más difíciles de alcanzar. La transformación se produce al conocer la dura tierra que nos rodea (aunque prefiriéramos que no) y asumiendo la responsabilidad para encarnar la buena noticia allí.

¿Qué? Cavando Pozos

Lugares prácticos donde una ciudad necesita cambio son lugares para “cavar un pozo.” Igual que muchos países del tercer mundo que necesitan agua potable, todas las personas en todas las ciudades tienen problemas complejos. Una manera de descubrir lugares para cavar pozos en tu ciudad es haciéndote esta pregunta: Si el Evangelio no tuviera obstáculos en tu geografía y la gente fácilmente aceptara a Jesús, ¿qué tres cosas cambiarían más?

En tu respuesta encontrarás uno o más lugares para empezar a cavar pozos para las Buenas Noticias. Las luces más brillantes para el Evangelio se encuentran generalmente en las áreas de la cultura que necesitan mayor cambio.

Tim Keller dijo que las luces más brillantes para el Evangelio en Manhattan son discípulos viviendo una sexualidad bíblica, finanzas bíblicas y poder bíblico (influencia aprovechada por otros). ¿Por qué? Porque en esa cultura las tres cosas que la mayoría necesita cambiar son el sexo, el dinero y el poder. Los discípulos glorificarán a Dios al demostrar estilos de vida contraculturales donde se necesitan más desesperadamente.

La clave para movilizar a la gente efectivamente es determinar a dónde necesitan ir. La cuestión no es sólo donde tomar la responsabilidad de movilizarnos, sino, también a qué nos comprometemos al movilizarnos. Si es racismo, familia o dinero, entonces el líder misionero se involucra en estas áreas de la cultura y hace discípulos que son luces para el Evangelio en estas áreas.

¿Quién? Equipos y Redes

Donde hemos descubierto evidencia de transformación, líderes misioneros han identificado, priorizado y comprometido redes relacionales claves en su ciudad. El liderazgo misionero comprendió y se comprometió con el “¿quién?” en su círculo. Luego fueron capaces de entender y emplear el “¿quién?” de la iglesia.

Los equipos y las redes son claves para movilizar a gente transformada en culturas perdidas. Simplemente encuentra en dónde está Dios obrando en tu ciudad. No eres la primera persona que Dios ha enviado allí, ni eres el primero que ha sido hecho responsable de su pueblo.

La Iglesia de Charleston, Carolina del Sur

La escena completa eran Pastores de iglesias “rivales” desafiándose unos a otros a realizar concursos afuera de Wal-Mart. Pero todo esto era parte del plan para que las iglesias de Charleston abordaran en un espíritu de colaboración las necesidades de más de 1,400 niños en su zona que no tenían hogar ni familia. Sus esfuerzos tuvieron ganancias netas de más de $100,000 en dinero y suministros para cuatro orfanatos. Cientos, quizás miles de residentes se convirtieron en parte de la solución, ya que donaron y compraron suministros.

Eventos como éste no son desconocidos, pero éste fue más que un evento anual. En Charleston fue sólo un ejemplo más de varias iglesias siendo una sola Iglesia unida.12 Estas iglesias hacen vida juntos con una estrategia intencional de traer más expresiones de la iglesia de Charleston hacia una relación de colaboración. Los pastores pasan tiempo juntos durante todo el año, construyendo confianza y relaciones, orando unos por otros como iglesias, asociándose para sembrar nuevas iglesias, compartiendo instalaciones e incluso “anunciando” a otras iglesias del área en sus sitios web.13

Donde una vez hubo división, desconfianza y competencia, ahora aumenta el ímpetu del Reino. La iglesia de Charleston en colaboración persigue su visión para que cada hombre, mujer y niño escuche y vea la buena noticia. No existe deseo alguno de formar una organización que compita con afiliaciones actuales de la iglesia. De hecho, Paul Rienzo, el pastor de la iglesia cristiana Crosstowne en Charleston, dijo, “Estoy harto de asistir a reuniones en las cuales escucho la visión de otras personas para nuestra ciudad. Quiero ser parte de una familia que comparta una visión común y que esté haciendo algo al respecto.”

Una Simple Misión

Empieza hoy con la simple misión de movilizar a personas transformadas en culturas perdidas y colabora con otros para que hagan lo mismo. A continuación te presentamos algunas medidas iniciales para formar parte de un movimiento de transformación en tu ciudad:

  • Haz una lista de los pastores en tu COA y semanalmente ora por ellos.  Cuando lo hagas, coméntaselos. Observa qué conversaciones y relaciones se desarrollan.
  • Ora por otras iglesias en tus reuniones de fin de semana. Cuando lo hagas, coméntaselos. Ayuda a discípulos en tu iglesia no sólo a ver la ciudad, sino a ver la iglesia en tu ciudad. Si la visión es cada hombre, mujer y niño en tu ciudad—y no sólo crecer tu iglesia—entonces cada iglesia centrada en el Evangelio en tu ciudad necesita prosperar.
  • Empieza poco a poco y cultiva un racimo misional de adentro hacia afuera. No intentes hacer a las iglesias cooperar para un evento desde el principio. Eso es construcción del consenso y no durará. El objetivo es la colaboración estratégica que crece de la confianza y las relaciones. Empieza con algunos pocos pastores en tu círculo que compartan su corazón para la transformación, movilización y colaboración.
  • Pide por un verdadero compromiso de otros líderes. Acuerda con los pastores que todos darán un 10 por ciento de su tiempo a la ciudad, aunque tal vez pueda no beneficiar a tu iglesia directamente. Desafíense unos a otros para obtener claridad sobre una transformación y movilización. Responsabilícense unos a otros a vivir esos objetivos personalmente antes de hablar sobre eventos y hacer un gran “alboroto.”

Imagina las posibilidades. Lo que Dios haría por una persona en tu ciudad, lo quiere hacer por toda la ciudad. ¿Haría otro trabajo como el que hizo en la aldea de Mahoma, Gales o Nínive? Si lo podemos imaginar, Dios puede hacer todavía más.